AUSTERIDAD REPUBLICANA/Quién es Quién/Noé Farrera Morales

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“Me quieren para presidente, no para semental”, respondía Adolfo Ruíz Cortines cuando le hacían burla por su edad.
Sin contar a Porfirio Díaz, ningún otro presidente de México en el siglo XX llegó al poder con más de 60 años de edad, y que la percepción generalizada era que el veracruzano era un viejo.
Pero Ruíz Cortines no perdía el sueño. En comparación con su antecesor, era un hombre mesurado y austero; su carrera política había sido discreta, como lo fue su gobierno.
Al llegar a los Pinos (1952-1958) se acabaron las fiestas del jet set los reflectores de cine y televisión, la grandilocuencia con los fastuosos eventos al estilo Alemanista.
Sabía que el ex presidente Alemán no se le podía tocar era un pacto no escrito-, pero le dio un llegue en su discurso de toma de posesión. Critico la corrupción, el dispendio, la frivolidad y el amiguismo, del presidente saliente:
“seré inflexible con los servidores públicos que se aparten de la honradez y de la decencia”, señalo. Y se refirió a la corrupción como una “herida profunda”, prometiendo probidad y moderación en el gasto público. Todo eso lo dijo el primero de diciembre de 1952, día en que tomo posesión, y fecha en la que la sonrisa de Alemán desapareció de su rostro, al menos por unas horas, aunque nadie lo volvió a molestar y vivió feliz hasta el final de su vida.
En un principio de las acciones de austeridad y probidad de Ruíz Cortines parecían parte de un montaje, pero los hechos demostraron que la austeridad era su programa de gobierno, y que en realidad creía en la honestidad en el servicio público. Comenzó su gobierno dando a conocer sus propiedades: una casa en la ciudad de México, un rancho en Veracruz, un automóvil, algunos ahorros y los bienes que poseía su esposa. Y como puso el ejemplo, exigió a los funcionarios de su gobierno que hicieran lo propio.
Era tan meticuloso con el asunto de la honestidad que en una ocasión con motivo de su cumpleaños recibió alrededor de 300 regalos de parte de empresarios, inversionistas, políticos y conocidos. Su esposa trato de convencerlo de que los conservara pero fue inútil: ordenó devolverlos. Solo conservo los regalos que le habían enviado sus viejos amigos, los que le brindaban su amistad desde antes de que llegara a la presidencia.
El nuevo gobierno reconoció el despilfarro del gobierno anterior parecido al de Peña Nieto y, de inmediato suspendió las obras públicas, comenzadas por Alemán, que cínicamente había inaugurado pero que estaban sin concluir como el libramiento sur de Tuxtla Gutiérrez que ya la inauguró Velasco Coello y ya hasta le puso el nombre de su abuelo Dr. Manuel Velasco Suarez. Solo terminó las importantes, como ciudad universitaria y el auditorio nacional. El gobierno también tuvo que hacer frente a las consecuencias de la aceleración económica Alemanista y tomó una drástica medida: devaluó el peso de 8.50 a 12.50 por dólar, pero ingeniosamente lo hizo en la semana santa de 1954, aprovechando que la gente se encontraba de vacaciones, para que no hubiera reacciones airadas. Aun así, sobrevinieron los ajustes, las compras de pánico y las protestas, pero como el sector obrero estaba totalmente sometido al gobierno, la clase trabajadora apoyó incondicionalmente la patriótica medida del presidente.
A pesar de la devaluación, la administración de Ruíz Cortines Salió de la fugaz crisis y sentó las bases para el “desarrollo estabilizador”, que no era otra cosa que ejercer el gasto público con prudencia; solicitar pocos créditos al exterior; permitir la inversión extranjera; estabilizar los precios; mantener un estricto control sobre ellos, y desde luego mantener los salarios bajos. Gracias a estas medidas el país consolido su crecimiento durante las siguientes dos décadas y no hubo otra devaluación hasta 1976.
Como era común, cada presidente que llegaba al poder lo hacía con sus propios proyectos que generalmente eran cancelados cuando iniciaba el siguiente sexenio.
Ruíz Cortines apostó a los recursos marítimos y lanzó el programa “marcha al mar” para modernizar los puertos y las flotas pesqueras. La marcha no llegó muy lejos: terminó cuando dejó el poder.
Entre 1952 y 1958 el gobierno lanzó una importante cruzada nacional para erradicar el paludismo y otras enfermedades. Impulso una gran campaña d alfabetización, pero lo que se llevó las palmas, una ovación de pie, bombos y platillos y el reconocimiento de los mexicanos, fue que la mujer finalmente obtuvo el derecho al voto para elecciones federales de 1954.
Desde 1937 el presidente Lázaro Cárdenas había enviado una iniciativa para que las mujeres pudieran votar, pero de último momento el partido oficial se echó para atrás con el argumento de que el voto femenino “podía verse influenciado por los curas”. El tema no volvió a tocarse hasta diciembre de 1946. Unos días después de que Alemán asumiera el poder presentando una iniciativa para que las mujeres votaran en elecciones municipales, la cual fue aprobada en febrero de 1947.
En una de las primeras jornadas electorales, realizadas en el estado de Chiapas a finales del año, la mujer mexicana finalmente ejerció un derecho injustamente negado por décadas. Pero faltaba camino por recorrer el 4 de diciembre de 1952 3 días después de la toma de posesión de Adolfo Ruíz Cortines-, Acción nacional solicitó concluir el trámite de la iniciativa presentada por Cárdenas en 1937 para que las mujeres votaran a nivel federal, pero nadie le hizo caso. El presidente presento su propia iniciativa, la cual fue aprobada en 1953 por su club de amigos los diputados y el 3 de julio de 1955 las mujeres votaron por primera vez en elecciones federales hasta mañana estimados lectores.

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