BUENOS DIAS CHIAPAS/francisco chávez quiñonez/Nos topamos con la iglesia, Sancho.

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En nuestro país, todavía “la ronca” para que la iglesia católica romana deje de ser mayoría. Los mexicanos somos guadalupanos y ¡cuidado! Pobre de aquél que intente sugerir de que el mexicano debe cambiar y ser menos fanático, ni le busquen.
Por lo que publican constantemente en semanarios y revistas, como esa que se llama desde la fe, el Episcopado Mexicano no está nada contento con el gobierno de Peña Nieto, porque, velada o abiertamente le han dicho que se le paso la mano, más bien las uñas, con el dinero que es del pueblo. De él, para abajo todo es rapiña, saqueo, desvalijar edificios de todo lo que puedan aprovechar esta nueva camada de políticos. Gran parte del alto clero católico dejó de ser incondicional al gobierno.
Las infanterías, los que a diario conviven con los pobres, esos ya están con ya saben quien.
Voy a transcribir la primera parte del mensaje de los obispos mexicanos publicado ya hace dos meses, pero que, ahora, a cinco semanas de las elecciones, cobra más fuerza.
“Queridos hermanos y hermanas de la iglesia que peregrina en México. Participar en la vida cívica y política de nuestras comunidades es una obligación ciudadana y cristiana que no podemos ni debemos obviar.
Solo participando podemos transformar positivamente nuestra nación, en fidelidad a sus orígenes y a su destino histórico.
Durante el presente año se realizarán elecciones en las que se renovarán más de 3 mil cargos públicos en 30 entidades federativas, incluyendo al presidente de la República, a los senadores, a los diputados federales, a 9 gobernadores, a más de mil alcaldes y una parte importante de los diputados locales. Sin embargo, lo más relevante es que cerca de 90 millones de mexicanos mayores de 18 años, podremos emitir nuestro voto de manera libre y secreta.
Participar cívicamente: entre más ciudadanos participan organizadamente en las elecciones, más posibilidades habrá de que nuestra sociedad madure y sea corresponsable en la gestión del bien común. Todos debemos alentar la participación… impulsar lo que aporte al bien común, a la paz, a la seguridad, a la justicia, al respeto a los derechos humanos, al desarrollo humano integral y a la solidaridad real con los más pobres y excluidos… y no dejarnos manipular para que votemos en bloque por un solo tipo de propuesta, de manera irreflexiva y mucho menos bajo alguna modalidad de “compra de voto”… el México que queremos es posible; y requiere fundamentalmente de un gobierno que trabaje con honestidad y eficacia… nuestro voto exige el sano control sobre nuestros políticos: en su remuneración y gratificaciones, en los gastos de partidos y publicidad, en los proyectos y obras públicas… es tiempo de que los católicos, acompañados de todos los hombres y mujeres de buena voluntad, trabajemos comprometidamente… más atento al rostro de los más pobres y menos cómplice de quienes los olvidan, los manipulan o los marginan…”
Así pues, yo veo que, en la iglesia católica; los de abajo, las infanterías, los que están todos los días con la gente pobre, saben que pecan al no amar a ese prójimo como a ellos mismos.
Yo percibo que, en este siglo XXl, hay una nueva iglesia católica romana en México. El clero de abajo, el que está con los de abajo, ya no puede actuar como lo hizo todo el siglo XX, porque nuestro actual gobierno tampoco actúa como lo hizo el pasado siglo.
La ambición se desbordó. Los políticos quieren asegurar sus ingresos como empresarios y aprovechan las arcas para asociarse con verdaderos empresarios de toda su vida para pasar a ser socios de hoteles, fraccionamientos y otros grandes desarrollos en los que caben cientos de políticos ladrones despiadados que desaparecen cientos de millones de pesos o miles, esto ya no espanta.
Había un partido que estaba muy ligado a la iglesia. Ese partido está, pero con esa liga con el alto clero ya se rompió porque dentro de la misma iglesia hay ya un sector progresista, reformador, que dejo de ser cómplice de esos jerarcas que viven en palacetes a la altura de un duque. Ni comparación con aquél harapiento que predicaba de pie o sentado en una piedra.

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