Cintalapa espera ayuda desde 38 años

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Por Carlos Rafael Coutiño Camacho.- A 38 años de aquel Huracán Herminia, los pobladores de Cintalapa, recuerdan que ese hecho quedó como ahora el caso del sismo del 7 de septiembre pasado; en un olvido por parte de las autoridades, no hubo más que la toma de foto al inicio y nunca más regresaron.
El suceso ocurrió el 24 de septiembre de 1980 para ellos, el recuerdo permanece vivo por quienes enfrentaron aquel fenómeno natural derivado de una intensa lluvia que dejó pánico entre los pobladores de ese entonces y que muchos de ellos aún siguen con vida afortunadamente.
De acuerdo con Freddy Peña, en esos años el acceso a la información a los habitantes era muy escasa, apenas se escuchaban en esta zona de México los noticieros por las radiodifusoras, cuyas frecuencias en amplitud modulada llegaban de la capital Tuxtla Gutiérrez, entre ellas la XEUE y XEON, por lo que era muy difícil que la ciudadanía estuviera alerta a los pronósticos del tiempo.
La gente del pueblo jamás imaginó el efecto que tendría la lluvia, que más bien parecía un diluvio que empezó desde la noche. La sorpresa empezó en la mañana cuando el rió “La Venta” ubicado sobre el lado norte de la ciudad sorpresivamente creció y se extendió de manera rápida.
Empezó el pánico, pues un río normal, se convirtió en pocos minutos en una fuerte y peligrosa corriente de agua, que avanzaba sin piedad sobre árboles, muros, viviendas y todo lo que encontrara a su paso.
La gente que habitaba en las orillas de este río empezó a correr y sacar lo poco que alcanzó, mientras otros trataban de ayudar a los vecinos y muchos veían como el río arrastraba animales domésticos, carretas, partes de casas derribadas, árboles, autos y una gran cantidad de muebles y artículos diversos.
Claro que había mucho miedo, pues trascendía en esa época que era la peor catástrofe natural que se vivía y quizás podría ser peor, pues la gente pensó que ese fenómeno era capaz de desaparecer del mapa a Cintalapa.
La gente se refugió con sus familiares en las partes altas del pueblo, otros con sus vecinos y las autoridades habilitaron escuelas como albergues y refugios temporales hasta en tanto pasaba la contingencia, pues también se registró daños en carreteras y puentes que hicieron más difícil el problema.
En los barrios El Rosario, Centro y San Francisco el agua inundó calles, casas, comercios, una parte del parque central y mercado, generando desolación por los cientos de miles de pérdidas materiales.
La gente entre lágrimas, preocupación y miedo corría de un lugar a otro escapando del agua, para ayudar a los vecinos como fuera y para protegerse. Por fortuna la gran mayoría logró salir de sus casas, aunque lo hayan perdido todo, pues Dios dio tiempo para que la desgracia no cobrara muchas víctimas.
El Presidente Municipal de ese año, Carlos de Jesús Natarén Córdoba (DEP), tuvo que enfrentar el problema, aun con los limitantes en la comunicación y recursos económicos, además de que una vez que la radio empezó a dar cuenta de la magnitud del problema, el extinto Gobernador, Juan Sabines Gutiérrez instruyó apoyar a la población de manera inmediata.
Fue en la carretera federal (en ese entonces), tramo CBTA 24 a lo que hoy conocemos como Gasolinera Gocoz, donde de manera inmediata se habilitó una pista de aterrizaje, toda vez que avionetas estuvieron llegando a Cintalapa con víveres de todo tipo, incluso carne para los miles de damnificados.
La enorme creciente de agua se generó en las montañas por la fuerte lluvia que cayó durante toda la noche, la cual bajó a los arroyos y se unió principalmente al río La Venta, pasando por comunidades rurales, por este pueblo de Cintalapa y seguir su trayecto hasta Jiquipilas para unirse al río del Aguacero en Ocozocoautla.
Las horas y los días fueron transcurriendo lentamente, aun con el miedo de la población, ya que se veía un panorama distinto e infausto en las calles donde la fuerza de la naturaleza arrasó con todo, se llevó casas, pertenencias y afectó seriamente la agricultura y la ganadería, pues no dejó nada.
Inmediatamente empezó el proceso de ayuda a los damnificados para que fueran enlistados debidamente, ya que el Gobernador (JSG), ordenó construir viviendas en la parte alta de Cintalapa, sobre el lado sur y así reparar el daño causado por el Huracán Herminia.
Y justamente así fue, pues en menos de un año de aquel desastre se construyeron decenas de viviendas en un sitio que fue nombrado como Fraccionamiento “Juan Sabines Gutiérrez” en honor al gobernador, que dicho sea de paso, brindó un apoyo oportuno y preciso a los damnificados por la contingencia.

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