Código Nucú/César Trujillo/Nos siguen jodiendo

0
265

Cada año nos recibe con una oleada de incrementos que nos pone en aprieto a todos: suben los combustibles y, con ello,  los costos de la canasta básica que desde hace mucho es inalcanzable para miles de familias en el país. Los golpes son secos y fuertes a la economía familiar. No hay bolsillo que aguante tal embate: lo hemos vivido en carne propia. Se siguen enriqueciendo unos cuantos y el pueblo se sume cada vez más en la miseria a costa de la ignominia de la clase política que nos (des)gobierna. Ahora, amenazan con otro aumento al kilogramo de tortilla y si los industriales cumplen su advertencia, la situación (ya de por sí complicada) se va a poner peor.
Quienes terminan ganando en el estire y afloje son otros: los de siempre, los de la pandilla en el poder y las cúpulas que hacen que esto se mueva así, porque es como les conviene. Lo sabemos bien. Con un salario mínimo de 88.36 pesos es imposible, y vergonzoso, pensar que mejorarán los niveles de vida en México, aunque quieran seguir vendiéndonos espejitos como en la Conquista y hay quienes los compren sabiendo que no es así.
Recordemos que según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) cada mexicano necesita 94.06 pesos diarios para “cubrir” los gastos de alimentación, vivienda, transporte, vestido, educación, cultura y recreación (esto último no es sólo un mal chiste, sino que una ofensa para la gente que vive en situaciones de pobreza y pobreza extrema). Es decir, se requieren 2 mil 822 pesos  por persona al mes para estar en lo que ellos denominan la línea del bienestar. Lo cual, siendo honesto, tampoco ajusta para nada.
Sin embargo, en estas cifras se esconde también otra realidad que es insoslayable. Ese monto es por persona. Ello indicaría que en un hogar con cuatro integrantes se requiere un ingreso de 11 mil 287 pesos mensuales para lograr cubrir dichas necesidades. Esto, por ende, obligaría a que los cuatro integrantes de la familia trabajen o tenga acceso a algún recurso que ayude a la economía familiar. Ahora bien, ¿qué pasa entonces con las familias donde sólo hay un jefe o una jefa que aporta ingresos?, ¿y los hijos que estudian y no trabajan?, ¿y las mujeres que siguen ocupando el rol de amas de casa y que dependen del ingreso que los hijos o su pareja llevan al hogar? La realidad, repito, sigue pegándonos con todo en la cara.
Es risible, sí, como en el discurso la clase política enarbola montos como si estuvieran tejiendo hebras de oro y, con ello, entregando la panacea que acabará con la miseria que nos aplasta a los mexicanos desde hace mucho. Se aplauden entre ellos y siguen preguntando a sus espejitos loadores lo bien que se ven ensartados en sus trajes que cuestan mucho más que lo que una familia obtiene, trabajando duro, al mes.
Porque quienes se jactan de eso que ellos consideran un logro, como el aumento mediocre al salario o la justificación de los programas asistenciales que les permiten seguir teniendo una fábrica de votos a su servicio, ven la realidad desde un escritorio, desde salarios onerosos y desde las camas cubiertas con telas de seda y comedores fastuosos que les impiden saber a qué saben el hambre y el frío.
Lo más curioso es que ahora la Secretaría de Economía haya salido a mostrar su buen rostro. El de la preocupación por el anuncio del aumento a la tortilla. Curioso, digo, porque quieren mostrarse justos en la antesala de los comicios 2018. Saben que un aumento los pondría más en la lona de lo que ya están. Saben que de darse un golpe más, su candidato que ya promueven como el próximo presidente de México, va a sufrir y el fraude les costará más.
Sin embargo, en sus palabras, el gobierno deja pistas que muestran la realidad tan aporreada en la que estamos inmersos desde hace mucho tiempo. Como cuando señala que “no vemos las condiciones de mercado para que esto suceda” (referente al aumento). Claro que no las ven. No hay condiciones cuando la economía de nuestro país es endeble, cuando la inflación sobrepasó lo que auguraban los economistas y los contextos sociales están al borde del precipicio a causa de las prácticas monopólicas respaldadas desde el mismo aparato de poder.
Así, mientras el jaloneo impera entre el gobierno y los comerciantes de tortillas, el alza de insumos como el maíz, la energía y los combustibles, son una realidad que terminará pasándonos factura a los ciudadanos. Sí, los mismos que terminamos siendo víctimas de gobiernos frívolos a los que sólo representamos un número, un voto en las urnas y nada más.

Manjar
En el Congreso local de Chiapas el que anda requetecontento, y contando lo días para recibir su nuevo premio, es el diputado Mariano Díaz Ochoa del partido Chiapas Unido. Nadita es lo que le darán al legislador coleto cuando lo nombren presidente de la Junta Coordinación Política (Jucopo), dicen las pléyades a su servicio. Otra vez varios corazoncitos se van a quedar pegando de brincos y con las ganas de meterle mano a la paguita que, dicen los que saben, se mueve en ese espacio que aún tiene en su poder el diputado Eduardo Ramírez Aguilar. Si a Mariano lo ponen ahí es porque sabe cómo se mueve y maneja el billete, ¿o no?. ¡Ah!, parece que fue ayer cuando fue detenido por asociación delictuosa, peculado y ejercicio ilegal del servicio público. Aún recuerdo que le achacaron un daño patrimonial que ascendía a 17 millones 362 mil 979 pesos, ejercidos en 2008 durante su paso como presidente municipal de San Cristóbal, y ahora, mírelo, premiado. Aclaro, ante la justificación de sus esbirros, que no son invenciones mías, sino datos que difundiera en noviembre del 2011 la otrora Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE) en un comunicado. #YAúnHayMás // La recomendación de hoy es el libro Agua lustral, poesía 1982-1987 de Efraín Bartolomé y el disco Abbey Road de The Beatles. // Recuerde: no compre mascotas, mejor adopte. // Si no tiene nada mejor qué hacer, póngase a leer.

Contacto directo al 961-167-8136
Twitter: @C_T1
Mail: palabrasdeotro@gmail.com

Loading Facebook Comments ...