¿De qué sirve tener una hermosa vista de un bello bosque, si no tenemos la oportunidad de salir a correr en sus veredas?

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¿De qué sirve tener una hermosa vista de un bello bosque, si no tenemos la oportunidad de salir a correr en sus veredas? ¿De qué sirve vivir, en lo que es una jaula de oro, si al final, no deja de ser una prisión? Estas analogías, nos deben despertar la conciencia de que las estamos viviendo en Chiapas.
Tenemos espacio territorial que países enteros, de otros continentes desearían para ser potencias mundiales, contamos con una riqueza cultural que haría multimillonarios a más de la mitad de los habitantes de nuestra entidad, gracias al fomento del conocimiento de su cultura.
Somos libres de poder expresar nuestras voces y exigir el respeto a nuestros derechos y sin embargo no podemos levantar la voz para decir, ¡ya basta!
Después de esta última administración, que culmina en diciembre, no podemos visitar libremente nuestros centros ecoturísticos debido al clima de violencia e inseguridad que han formado los excesos de permisibilidad de grupos indígenas.
No es seguro invertir en negocios transnacionales, debido a la cada vez más creciente inseguridad que prevalece en Chiapas, pero, por si fuera poco, estamos en calidad de punto no grato a nivel internacional, debido a que, en la entidad, no existen garantías fiables como punto de visita turística.
Es triste, que, a través de los medios de comunicación, nos eduquen como sociedad conformista, agachona, temerosa, mal educada, sociedad mediocre.
Hoy en día, con acciones como las acaecidas ayer, en la cámara de senadores, donde prevaleció la burla, el abuso de poder, el abatimiento de la vieja usanza política, se denoten capítulos de la vida real, de ese afamado filme cinematográfico denominado “La Ley de Herodes”, en donde las leyes se acomodan a la voluntad y libertad de quien las ejecuta.
Pero lo peor, no es que eso suceda, sino más bien, lo verdaderamente malo, es el silencio, la permisibilidad y el consentimiento, que los chiapanecos mantenemos, ante esta ola de injusticias, en donde nos hemos autoaplicado una ley mordaza, en donde gritamos en silencio, a través de las redes sociales, en donde palabras sobras, pero acciones, hacen falta.

Ya lo dijo el viejo y conocido refrán, “No tiene la culpa el güero, sino el que lo hizo compadre”.

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