En riesgo prensa Chiapas por ley Chayote

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Por Carlos Rafael Coutiño Camacho. – Con la entrada en vigor de la “LeyChayote del gobierno federal, los medios podrán ser controlados, a cambio de recursos como la publicidad oficial, el cual entrará en funciones el 1 de enero del 2019 en toda la República Mexicana, incluye radio, televisión, impresos y web.
En Chiapas, muchos medios de comunicación como la radio, corren riesgos de poder desaparecer, debido a que viven solamente de publicidad oficial, un spot en la actualidad de se vende de30 a 50 pesos, regalando la producción, con una participación de al menos 4 personas.
El gobierno es quien más paga en el caso de Chiapas, eso provoca que los ayuntamientos, gobierno del estado principalmente, puedan tomar decisiones de las editoriales de las emisoras, en muchos casos hasta llegar a la censura de espacios de noticias en sus respectivas frecuencias.
En los escritos, la mayoría también vive de la comercialización de las portadas, cintillos, contraportadas y demás, que son enviadas tal cual, a los periódicos, el gobierno de Chiapas, podrá adoptar esta medida sin problema alguna, “cerrando la llave”, para que el medio se venga abajo.
El colectivo Artículo 19 considera que Gobernación no debe concentrar esta facultad, pues se corre el riesgo de que se intente controlar la información general que transmiten los medios, al tiempo que no se elimina el sesgo político de la publicidad oficial, porque es un ataque subraya, a la libertad de expresión.
El presidente Peña Nieto promulgó dicha Ley General de Comunicación Social, cuyo objetivo es establecer reglas específicas para el gasto que los entes públicos realizan en los medios de comunicación.
El dictamen fue aprobado hace unas semanas en la Cámara alta, con lo que dio cumplimiento a una sentencia de la Suprema Corte de Justicia de la Nación que, en noviembre de 2017, determinó que la omisión legislativa para emitir esta norma viola la libertad de expresión, de prensa y de información de los mexicanos.
La Ley General de Comunicación Social, con la que se reglamenta el párrafo octavo del artículo 134 de la Constitución, establece que el gasto del gobierno en publicidad debe observar los criterios de eficiencia, economía, transparencia y honradez, respetando topes presupuestales específicos.
Para ello se deberá establecer una estrategia anual de comunicación social, la cual será regulada por la secretaría de Gobernación, es decir la dependencia encargada de la política interior del país será la que planifique los mensajes que se contraten para su difusión en los medios de comunicación.
“Realmente nadie muerde la mano que le da de comer, si sabemos que el mayor ingreso de los medios es la publicidad oficial, pues entonces sabemos que quien realmente dicta las líneas editoriales es precisamente el gobierno”, consideró Ana Cristina Ruelas, directora de Artículo 19 para México y Centroamérica.
En México, la solución a esta problemática podría darse si se incluyeran en la ley criterios específicos de certificación en torno a la audiencia, tiraje o tráfico que deben cumplir los medios que recibirán la publicidad gubernamental.
Esta acción remonta, a inicios del siglo pasado surgieron diferentes tecnologías que buscaban facilitar la vida de la gente, haciendo que las cosas funcionaran de manera automática o con solo apretar un botón.
Y con los inventos de esos aparatos llegaron nuevos términos para describirlos. Uno de los más usados en los Estados Unidos para caracterizar esas novedades fue la terminación ‘ola’, y que en general fue relacionada con aparatos para escuchar música.
Así se hablaba de ‘Pianola’ (un piano que tocaba música por sí solo), ‘Victrola’ (un tocadiscos inventado por la RCA Victor), ‘Radiola’ (equipo que reunía en un solo mueble un radio y un tocadiscos), ‘Moviola’ (para editar cine).
Ese sufijo ‘ola’ se usó tanto, que incluso para lanzar una ‘pianola’ que pudiera ser usada en los carros, una empresa llamada Galvin Manufacturing Corporation decidió llamar a su auto-radio, ‘Motorola’.
Por otro lado, cuando arrancaba el siglo XX la industria de la música comenzaba a tomar importancia. Al principio no había grabaciones. Para poder oír música en la casa alguien tenía que saber tocar un instrumento, así que las tiendas de música vendían, junto a los pianos, flautas y guitarras, las partituras para ejecutar las obras.
Y así se creó la figura de los ‘impulsadores de canciones’ o ‘song pluggers’, unos señores que eran contratados directamente por las tiendas de música, y que pasaban todo el día en un sitio visible de la tienda sentados frente a un piano tocando y cantando en vivo las canciones de moda. Así, los dueños de los almacenes les iban pasando las partituras de las canciones que querían promocionar.
Con el tiempo, los representantes de los compositores comenzaron a tener sus propios ‘impulsadores’, quienes visitaban las tiendas para promocionar su música. Estos ‘impulsadores’ podían llegar a ganar el equivalente actual a más de 300 mil dólares al año (unos 25 mil dólares de esa época al mes).
Sin embargo, con la llegada de los discos la música se masificó. Ahora todo el mundo tenía acceso a la música, y ya no hacía falta que alguien tocara instrumentos en la casa.
Los ‘impulsadores de canciones’ vieron amenazada su labor, pues las disqueras encontraron que el disco era mucho más rentable y masivo que las partituras, y crearon la figura del promotor discográfico para que visitara las emisoras de radio para impulsar los discos.
Las disqueras vieron el poder de estos locutores y comenzaron a ingeniarse diferentes formas de impulsar sus discos mediante concursos, conciertos y premios para los oyentes, pero también surgió la opción de ofrecer a los disc-jockeys invitaciones, entrevistas, fiestas y otras dádivas, hasta que llegó el momento de sobornarlos con dinero, drogas, viajes y otros obsequios para que tocaran más veces las canciones sin que las directivas de la emisora se enteraran.
De allí surgió el término ‘payola’, uniendo la palabra ‘pay’ (pagar) y ‘ola’ (aplicado a equipos de sonido). Así se acuñó ese término que significa ‘pagar por sonar’. Y en venganza fueron los antiguos y ahora desempleados ‘impulsadores de canciones’, que ya estaban entrando en desuso, quienes se encargaron de denunciar esta práctica.
De hecho, Sony BMG Music Entertainment en julio de 2005, Warner Music Group en noviembre de ese mismo año, y Universal Music Group en mayo de 2006 tuvieron que pagar 10, 5 y 12 millones de dólares respectivamente a organizaciones sin ánimo de lucro del estado de Nueva York por delitos relacionados con payola. EMI todavía está siendo investigada.
De hecho, no hace mucho una de las grandes cadenas decidió ‘legalizar’ la payola, vendiendo ‘sonadas’ a las disqueras en sus emisoras. Aunque el negocio estaba regido por las normas internas de la compañía, es decir, no se trataba de un negocio bajo cuerda, al final se estaba engañando al público que no entendía por qué repetían tanto algunas canciones que no eran tan buenas, sin saber que detrás de esa acción había un interés netamente comercial.
Las playlists de las emisoras cada vez son más reducidas. En lugar de tener cientos o miles de canciones en programación solo tienen alrededor de 100, para asegurar una mayor rotación. Esto hace que artistas y disqueras se peleen por entrar en esa reducida lista de programación, y llegan, incluso, a pagar para que el director no programe canciones de otros artistas.

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