enTERANdote

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Amigos del periódico “Péndulo de Chiapas”, es un honor comenzar a escribir páginas de nuestra historia del pueblo de Terán en este importante diario chiapaneco. Agradeciendo al C.p. Noé Farrera Morales, por su apertura y apoyar a la página cultural “enTERÁNdote”.
Su amigo: Ulises Valdez Arévalo, Cronista de Terán.

La Cueva del Mactumactzá y la Cruz Blanca
Les voy a contar la crónica de una de las principales distracciones que disfrutábamos los teraleños a los que nos gustaban las aventuras, era el de ir al cerro Mactumactzá a conocer las cuevas que en ella existen, de donde se cuentan historias y leyendas de este mítico cerro.
Por lo que respecta a la Cruz del cerro, era toda una aventura ir con los amigos a la Cruz Blanca, tanto hombres como mujeres. Desde muy temprano como a las 6 de la mañana salíamos de nuestro barrio “Canta Rana” hacia la Calzada Aeropuerto (2ª Oriente) para pasar por el rumbo de los tamarindos (hoy parque tamarindos, fracc. Solidaridad) para tomar el rumbo al cerro, siempre “cortando” camino para llegar más rápido a la cueva. Cargando mochila, almuerzo, lámparas, cuchillos, tiradores y lazos, para el momento de necesitarlos al entrar a la cueva.
Según la tradición oral de los viejos habitantes de Terán, estaba la leyenda de la cueva encantada en donde puedes entrar a comer frutas y beber agua, pero no puedes sacar nada de allí porque si no te pierdes y nunca encuentras la salida. En cuanto al cerro Mactumactzá también cuentan que es el territorio del “Sombrerón”, que allí habita y que espanta, persiguiendo a todo aquél que entra al cerro en su forma normal o en animal; como también es el lugar de las almas de aquellas personas que ofrecieron sus voluntades para vivir en riqueza, mujeres y prosperidad en vida a cambio de servirle al “malo” y que al morir, esa alma “ganada” se va al cerro a pagar los favores dados en su vida, a ellos se les llamó “encantados”. También estuvieron los brujos o hechiceros del pueblo que llegaban al cerro hacer sus hechicerías y encantamientos (naguales) para perjudicar o ayudar a los que les pedían sus “ayuda”.

Al llegar a la cueva, nos organizábamos para entrar. Primero el supuesto guía o que no tenía miedo, y después los demás, ya sean hombres y mujeres. La entrada a la cueva es muy estrecha, que hay que meterse de lado para poder ingresar; a los tres metros se amplía un poco más para ir entrando todos los que hacen falta por hacerlo. Hay dos caminos para seguir, hacia arriba que son el más difícil y derecho que es el camino más común a seguir. Para esto, llevábamos un bollo de hilos de hamaca para amarrarlo afuera de un tronco y ese sería nuestra guía de regreso para no perdernos de regreso. La cueva de ancho es como de un metro y de 3 a 5 metros de alto, en algunas partes se amplía o se reduce, habiendo subidas y bajadas de alto riesgo si no se apoyan con los compañeros, ya que es muy húmedo y resbaloso el camino. Nos adentramos como 150 metros o más, en el transcurso del camino nos encontramos con aves muertas, envases de plásticos vacíos, veladoras de diferentes invocaciones, velas, dibujos macabros y nombres pintados en las paredes de los visitantes. No faltaba quien de los amigos pegara un grito fuerte dentro de la cueva para espantar a las mujeres o haciendo bulla y ruidos extraños. Hasta que algún compañero o compañera comienza a tener miedo y entonces regresar guiándonos por el cordel hasta llegar a la salida y respirar el aire fresco; para comenzar a contar la experiencia con anécdotas y risas del momento.

Después de almorzar, continuamos con rumbo Oriente hacia arriba para buscar la vereda que es indicio del camino hacia la punta del cerro y la Cruz Blanca. Después de encontrarlo, seguimos por toda la vereda y llegar a la cima del cerro y buscar inmediatamente la cruz que está hacia el lado Poniente; al llegar a ella, es el momento culminante de aquella aventura y dar de gritos de euforia y aplaudir. La Cruz Blanca estaba hecha de dos palos grandes pintados de color blanco y colocados en un basamento grande de cemento como de 1.60 mts de alto por uno de ancho en forma piramidal. Haciendo por este recorrido un aproximado de dos a tres horas.
Después de unas horas de juegos y observar la panorámica del antiguo pueblo de Terán y su aeropuerto “Francisco Sarabia” ver los aviones elevarse por el cielo azul y claro; comenzamos el descenso por la vereda que nos llevará a sacar hasta el libramiento Sur y 3ª. Oriente de Tuxtla por el rumbo del fracc. “Joyas del Oriente” como a la 1 o 2 de la tarde. Ahí terminaba esa aventura al cerro Mactumactzá. También volvíamos a bajar por el mismo camino u otro que nos llevara a Terán por el rumbo del COBACH 01
Visita obligada de los jóvenes teraleños a “La Cruz Blanca” del Mactumactzá, lugar de leyendas y aventuras de los habitantes de Terán y Tuxtla Gutiérrez.

Otras Historias del Cerro
También cuentan que el cerro es un volcán de agua y que cada vez va creciendo más, por lo cual por algunas estas historias o leyendas con referente al cerro Mactumactzá, se le colocó una cruz blanca grande bendita en lo más alto del cerro, para que ya no creciera más y se acabaran los espantos y brujerías que allí se realizaban; esta cruz se observaba desde el pueblo de Terán.
Actualmente “La Cruz Blanca”, fue reubicada más abajo del cerro por los ejidatarios de Terán y se observa nada más desde el pueblo.
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Lic. Ulises Valdez Arévalo

El Puente Internacional de Terán
En mi poblado de Terán, existió un puente muy antiguo conocido como El Puente Internacional que fue terminado de construir el 3 de agosto de 1890 hecho su cimiento de ladrillos grandes y piedras en forma de arco. Este puente antiguo sirvió de punto de encuentro o bienvenida de grandes personajes políticos de la historia de Tuxtla Gutiérrez por parte de sus habitantes; ya que en esos tiempos, incluso antes de la fundación de Terán era “un mojón” o límite de la actual capital chiapaneca. A parte en 1910, fue el lugar por donde pasó el primer automóvil antes de entrar a Tuxtla Gutiérrez.
Este puente estaba sobre el “Camino Real”, hoy Tercera Norte Oriente sobre el tan añorado y querido río Sabinal que sólo recuerdos nos ha dejado y que todavía conserva algunos árboles de sabino muy característicos en él que le dieron su nombre. El puente fue construido para el paso de carretas especialmente en las épocas intensas de lluvia, a eso se debió su tamaño de su estructura de 4 mts de ancho por 8 mts de largo aproximadamente. En 1975 cuando tenía 7 años de edad, este puente seguía siendo de tierra en su superficie, tenía los barandales de fierro con cadenas que estaban a punto de caer al río, era muy peligroso.
Este viaducto fue una obra especial para mi pueblo en su tiempo, ya que por esta vía de comunicación se nos otorgó el nombre de “El Puente” a la Congregación de Familias Establecidas según la tradición oral, por eso éramos “Los Puenteños”; también el lugar de recibir o dar la bienvenida a las personas importantes que venían de México u otros lugares de Chiapas a finales y principios de los siglos XIX y XXX.

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