“Flamingos”, arte culinario que se hizo herencia

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Por Carlos Rafael Coutiño Camacho.- Mayo fue el mes que se decidió para cerrar las puertas de uno de los restaurantes más famosos de la capital Tuxtla Gutiérrez, “Flamingos”, donde se cocinaron historias de amor, política, de reencuentros, del excelente café y de los desayunos chiapanecos.
El restaurant de la familia tuxtleca y de avencidados, cerró sus puertas, silenciosamente dejó a los que le visitaban solo con el olor a café y el deseo de una buena charla, muchos quisieron reunirse de nuevo, pero ya fue imposible, el local está vacío, solo con el nombre en la puerta de cristal.
A 51 años (1967), se dijo hasta aquí, el lugar emblemático, donde incluso se escuchó un piano, los baños bajando unas gradas, todo era perfecto para aquellos ayeres, pero que nunca pasó de moda, menos para quienes sabían del buen comer, y de lo que realmente era el lujo.
Se comía la paella, los desayunos chiapanecos eran el manjar de muchos, además de su delicia, también los precios eran accesibles, fue don Esteban Corzo, quien decidió poner fin a un lugar lleno de historias, aunque se cierra, en realidad sigue abierto para muchos, para quienes sabían de lo que era bueno.
Cuando don Amadeo y su esposa Mary, eran los dueños, mostraron gran atención a los comensales, relata Marco Antonio Zuarth, quien sostuvo que en ese lugar no solo fue el lugar para desayunar o comer, también fue para el encuentro de enamorados, de reuniones de políticos.
“Flamingos”, estuvo todo el tiempo en el pasaje Sardain, en el edificio con el mismo nombre; el lugar cuenta con un pequeña terraza, para aquellos que gustan de fumar; así también hay un pequeño espacio pensado en los niños, en el que se encontraba un brincolin desinflado, relatan otros, estoy de manera reciente.
“Huevos motuleños” era otra de las especialidades, las mesas y sillas que tal cual iniciaron, así concluyeron su servicio con el cierre del negocio, sus manteles en vino y blanco, fueron por siempre; como por siempre el estilo en el cual se encontraban, sin un toque real, pero que finalmente consolidaba la imagen del lugar.
“Puntas de filete al albañil”, era ya para la comida, en ocasiones había marimba, pero también no era necesario, pues era más la bulla de los comensales que de la música misma, el ruido de los platos y cubiertos, todo era una alegría, incluso el lugar estaba destinado para los de la alta sociedad.
Otras voces, al ver cerrado expresaron que “El Flamingo es un restaurant que no necesitaba de espectaculares, ni de grandes campañas de publicidad; la actual administración ha apostado a la tradicional estrategia de ser recomendado, coloquialmente dicho “de boca en boca”.

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