JAQUE MATE /Incontingencia/Sergio Sarmiento

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“El propósito de limpiar no es solo limpiar, sino sentir felicidad de vivir en ese ambiente”.

Marie Kondo

Ayer se aplicó una contingencia ambiental en la Ciudad de México. Quizá lo más sorprendente es que fue la primera de este 2018. En 2017 hubo cuatro, pero una de ellas duró siete días, del 15 al 21 de mayo. En 2016 fueron diez. Lo más curioso de este 2018 es que el primer semestre ha sido un periodo en el que no ha habido verificación de vehículos.

 

La lista de restricciones de las contingencias se hace cada vez más complicada. Incluso las autoridades se confunden. Ayer muy temprano, la Comisión Ambiental de la Megalópolis mandó un mensaje por Twitter en el que decía que no podían circular los autos con holograma 1 y terminación de placa par. La verdad es que los que no podían circular eran los de placa non. La CAMe no bajó el tweet sino hasta dos horas después.

 

El comunicado que emitió la CAMe la noche del 6 de junio señalaba que debían dejar de circular desde las 5 de la mañana hasta las 10 de la noche “los vehículos sin holograma de circulación”. En esta ocasión el golpe era peor que de costumbre, porque en este semestre, por una inexplicable falta de previsión de las autoridades ambientales, no funcionaron los centros de verificación de la Ciudad de México. Esto significa que un número muy elevado de autos nuevos, cuyos bajos niveles de emisiones les garantizarían una calificación de 00, no tenían holograma de circulación.

 

Si bien el comunicado de la CAMe no lo decía, la verdad es que había una regla que exceptuaba a muchos de estos vehículos. Aquellos para los que se había obtenido una constancia provisional de verificación vehicular de la Secretaría del Medio Ambiente sí podían circular, a pesar de que no habían realizado la verificación y no tenían holograma de circulación. Los que no tuvieran ese papel, en particular aquellos que contaban con un permiso provisional en lugar de placas, no podían circular aunque fueran nuevos y tuvieran bajas emisiones. El comunicado de la CAMe no explicaba nada, lo que sumó a la confusión habitual en estos días de contingencia.

 

Las restricciones tienen un impacto enorme en un grupo importante de la población capitalina, particularmente aquella que pertenece a la clase media baja y tiene la capacidad de adquirir o mantener un vehículo viejo pero no uno nuevo. Los vehículos más viejos, con holograma 2, no circulan ningún día. Los menos viejos, de holograma 1, no circulan la mitad de los días. Los autos de los ricos, con hologramas 0 o 00, circulan siempre. Estas restricciones golpean de manera muy importante a quienes tienen vehículos viejos, que usan no por diversión sino para trasladarse a sus empleos o actividades productivas. Los días de contingencia hacen que algunos no puedan ya trabajar y a otros les aumentan de manera desproporcionada sus tiempos de traslado.

 

Uno de los factores más notables en la desigualdad económica en el Valle de México es la falta de acceso a medios de transporte eficaces. Las restricciones vehiculares promueven la desigualdad.

 

La política de restricción vehicular puede ser un instrumento que ayude a disminuir los índices de contaminación de la Ciudad de México. Pero para que tenga éxito debe combinarse con una política de transporte verdaderamente eficaz. De nada sirve prohibir la circulación de vehículos de personas que no tienen más opción que utilizar un automóvil para llegar a su trabajo o para ganarse la vida. La simple restricción es una política regresiva. Lo peor de todo es que también parece ser ineficaz.

 

  • SÍ CIRCULAN

 

Los que sí circulan todos los días son los manifestantes. Esta primera contingencia del 2018 ha coincidido con los bloqueos del Paseo de la Reforma, avenida Chapultepec y otras calles del centro de la Ciudad de México por activistas de la CNTE.

 

@SergioSarmiento

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