La Pascua, Sigue por 50 días más

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Por Carlos Rafael Coutiño Camacho. – Hoy es Domingo de Pascua, día en el que los cristianos celebramos el triunfo de Cristo sobre la muerte, el mal y el pecado; día en que el Amor ha salido victorioso de la tumba y comparte su eternidad con los seres humanos.
María Magdalena, va al sepulcro y ve que la piedra ha sido quitada, el evangelio relata que era “muy temprano cuando aún estaba oscuro”, detalle que indica que la ausencia de Jesús es causa de oscuridad. La primera explicación que se le ocurre es que alguien robó de noche el cuerpo del Señor, y es lo que va a comunicar enseguida a Pedro y a Juan.
Ella es la primera en encontrarse con Jesús Resucitado (cfr. Jn 20, 11-19), volviéndose misionera de los Apóstoles. El evangelista también pone de relieve el papel de Pedro y del “otro discípulo” como testigos del sepulcro vacío. Los dos corren hacia el sepulcro, y al final uno de ellos “vio y creyó”.
En estos relatos se descubre un “ver” que no produce la fe y un “ver” que sí la hace brotar. La fe del discípulo es fruto de una visión especial: que no es la visión material de María Magdalena, ni la visión de Pedro (el evangelista usa verbos diferentes en cada uno de los tres casos); es un “ver” que va más allá de la materialidad del hecho, que se capta desde una dimensión interior. Es un ver vinculado al “amar”. Fue el amor lo que permitió a aquel discípulo ver más a fondo y creer que Jesús había resucitado de entre los muertos, aun antes de haberlo visto, por eso, por medio de la fe, todo ser humano tiene la posibilidad de comunicarse con Cristo.
Resulta necesario que el cristiano respire y esté sumergido en un clima de resurrección, que nadie de nosotros se quede en su sepulcro ¿cuál es tu sepulcro?: el odio, el rencor, el maltrato, la injusticia o la dureza del corazón.  Entonces cabe preguntarnos: ¿Cuáles son los signos de resurrección que veo en mi vida, en mi familia, en mi comunidad? ¿En qué cosas y acontecimientos vivo la presencia de Jesús Resucitado?
Podemos comenzar respondiendo a estas preguntas cuando con Cristo dejamos nuestros sepulcros de vicios y criterios mundanos, cuando buscamos con fervor las cosas de arriba, y cuando vivimos el amor al hermano. Que en cada Eucaristía, el Señor nos conceda participar cada vez mejor en el misterio de su muerte y resurrección, para que en nuestra vida de todos los días haciendo morir al “yo” egoísta y pecador que todos llevamos dentro, para vivir cada vez más en la vida nueva de amor, de servicio, que Jesús resucitado nos comunica.
Resucitar es estrenar cada día nuestra vida bajo la mirada amorosa de Jesús que nos lanza a una vida de servicio alegre y generoso. Resucitar es nuestra tarea de cada día, Resucitar es comenzar cada día a ser mejores en Jesús, por Jesús y con Jesús vivo en nosotros para poder decir: ¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Cristo ha resucitado!
Felices fiestas de Pascua.

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