México vive su propio Día Cero desde hace varios años.

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México vive su propio Día Cero desde hace varios años. Aunque la situación del agua en el país norteamericano varía mucho de región en región, la falta del vital líquido por la que atraviesa Ciudad del Cabo es una realidad en algunas zonas del Valle de México. “Hay gente en Xochimilco que ahorita está viviendo como viven en la ciudad africana, que solo tienen acceso de 20 a 50 litros al día”, denuncia Nabani Vera, director de Comunicación de la organización Isla Urbana. Además de consejos prácticos para cuidar el agua, iniciativas ciudadanas pugnan por la educación y una mejor legislación para frenar este problema.
En un país donde, según datos del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), un habitante del centro dispone de 186 metros cúbicos al año, y uno de la frontera sur cuenta con más de 24 mil metros cúbicos anuales, es difícil generalizar una sola problemática, y por lo tanto una sola solución, “pero algo que se puede observar en todos los contextos es que estamos teniendo un mal manejo del agua”, asegura Nabani.
Fue esa razón la que llevó a dos diseñadores industriales a fundar en 2009 Isla Urbana, un organismo multidisciplinario que se enfoca en la captación de agua de lluvia para abastecer con este líquido a comunidades marginadas del Valle de México. Además de instalar sistemas de captación, en un intento por masificar esta práctica, la organización se encarga de dar un acompañamiento educativo. “De nada sirve que a alguien le expliques qué hacer para aprovechar más el agua, si no entiende por qué es importante cuidarla”, dice.
Más de mil kilómetros al sureste de la Ciudad de México, en la península de Yucatán, el problema más fuerte al que se enfrenta la población es la contaminación. Desde la asociación civil Centinelas del Agua, coinciden en que la educación es una gran parte de la solución, pero además consideran que “se debe empezar a actuar desde el presente por medio del cambio en la legislación mexicana, que es la única opción para afrontar tanto las situaciones del cambio climático, como la parte de sequía y de contaminación que estamos viendo tanto en los cuerpos de agua superficial, como en los cuerpos de agua subterráneos”, afirma Alejandro López Tamayo, coordinador de este organismo en la Riviera Maya.
Centinelas del Agua trabaja desde dos coordinaciones principales, una enfocada a las comunidades rurales de la zona maya, con las que trabajan la cultura de cuidado del agua a través de educación por medio de actividades artísticas, la revalorización de la identidad cultural e implementación de ecotecnologías. La otra se enfoca en la parte de política pública, desde donde lograron hace unos meses la aprobación de un reglamento de cenotes del municipio de Solidaridad, pues son uno de los atractivos turísticos de la región, lo que los hace más vulnerables a la contaminación. Su estrategia, asegura Alejandro, es empezar desde lo local: “Centinelas del Agua ha estado insistiendo mucho en que necesitamos una legislación, y parte de las recomendaciones que nos hizo la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales de México (Semarnat), fue que empezáramos con los cambios en legislación municipal, después fuéramos hacia un cambio en la legislación estatal y posteriormente empezáramos a incidir en la legislación nacional, y es el camino en el que estamos”.
Expertos de ambas asociaciones coinciden en que México aún está a tiempo de hacer algo para revertir su situación. Para Nabani, “el tema con el agua es que no sabes cuánto la necesitas hasta que ya no la tienes”.

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