No resulta fácil para los votantes de la izquierda

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No resulta fácil para los votantes de la izquierda, y en general para los mexicanos que aspiran a un cambio, observar los coqueteos de Andrés Manuel López Obrador, el principal candidato de oposición, con el grupo que encabeza Elba Esther Gordillo. Tanto de palabra como en el acercamiento del yerno de la maestra, Fernando González Sánchez, el Peje no ha dicho que no a los requiebros de una mafia política desprendida del PRI que tuvo la astucia de subirse al barco ganador con Felipe Calderón en 2006 y ahora intenta regresar al poder trepándose en el proyecto de Morena.
El propio González fue subsecretario en la SEP durante el segundo sexenio panista (lo que fue considerado como la entrega de las llaves del bar al borracho) y la maestra recibió carteras relevantes en el gabinete de Calderón como el ISSSTE y la Lotería Nacional, entre otras.
La alianza tácita o explícita que parecería haberse fraguado entre el tabasqueño y la maestra es incómoda, por decir lo menos. Hasta antes de su encarcelamiento hace cinco años Elba Esther Gordillo era considerada por los mexicanos como epíteto de la corrupción. Sus desplantes políticos, las violentas prácticas sindicales, sus bolsos millonarios y sus gastos dispendiosos ejemplificaban lo más siniestro del sindicalismo charro. Cayó en desgracia no porque el sistema hubiese querido hacer un acto de justicia o limpieza sino por una estricta operación de venganza política. Al PRI de Peña Nieto le urgía castigar la traición de uno de sus generales y enviar el mensaje al resto de los capos del corporativismo. En otras palabras, Elba Esther perdió la inmunidad y cayó del poder no porque hubiera cambiado o como resultado de un acto de contrición, sino porque no encontró la manera de compensar el pecado y regresar al redil para subsanar la traición cometida en contra del PRI. Ahora, con su peculiar oportunismo, el PANAL, en teoría el partido del magisterio, ha apoyado formalmente al candidato oficial José Antonio Meade, pero Gordillo ha enviado al yerno a echarle porras a López Obrador.
En otras palabras, la Elba Esther que hoy busca poner sus activos al servicio de Morena no es un personaje redimido o transformado pese a sus cinco años de encarcelamiento. Aunque eso no parece importarle mayor cosa a Andrés Manuel. Como ha dicho Ricardo Raphael, el Peje se percibe a sí mismo como la pila de agua bendita capaz de exonerar de sus pecados al propio diablo.

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