Picardías/Por el Negrito Sandía/LA MULA NO ERA ARISCA

0
337

a sabiduría popular enseña por medio de un refrán, aquello que “la mula no era arisca, sino que la hicieron los palos”. Los ciudadanos mexicanos han perdido la confianza en los procesos institucionales y los correspondientes resultados a través de ver sentir y sufrir las trampas de los políticos mexicanos para encaramarse a una posición política o lograr un nombramiento, sobre todo cuando descubrieron que los puestos públicos significaron y significan robar y enriquecerse sin riesgo alguno y en muchos casos abusar de los privilegios del hueso.
En 1910, en su última reelección, don Porfirio Díaz le ganó en los comicios a don Francisco I. Madero en una proporción de siete a uno. Oficialmente Díaz ganó de calle.
En 1924 el general Plutarco Elías Calles le ganó por amplia mayoría a don Adolfo de la Huerta. Ante lo escandaloso del fraude los delahuertistas se levantaron en armas, pero fueron derrotados. Álvaro Obregón, padrino político de Calles salió triunfante con el apoyo en armas y recursos proporcionados por los gringos. Claro está, los gringos se cobraron por medio de los Tratados de Bucareli.
Después del asesinato de Obregón, Calles se volvió el gran elector y fundó el Partido Nacional Revolucionario. Designó como candidato del nuevo Partido al general Pascual Ortiz Rubio quien renunció a la presidencia a los dos años de ejercicio. Para terminar el cuatrienio, el general Obregón designó al general Abelardo L. Rodríguez como presidente interino de México. A la llegada de Calles al poder fue confirmado en el cargo hasta 1934.
Calles dio su visto bueno a la candidatura del general Lázaro Cárdenas quien fue presidente seis años, hasta 1940. Cárdenas nombró al general Manuel Ávila Camacho. A su vez Ávila Camacho designó para sucederlo al licenciado Miguel Alemán;  Alemán nombró a don Adolfo Ruiz Cortines; éste nombró a Adolfo López Mateos; López Mateos a Gustavo Díaz Ordaz, Díaz Ordaz a Echeverría, Echeverría a Miguel de la Madrid, de ahí llegó Carlos Salinas de Gortari. Luego le tocó a Ernesto Zedillo. Hasta el año dos mil, quedó demostrado que para llegar a la presidencia de la república solo era necesario un solo voto; el voto del presidente saliente.
A pesar del poder unipersonal de los presidentes de la república ha habido casos que han tenido que echar mano de trampas, de pistoleros, de la policía y el ejército para imponer sus candidatos. Todavía están en la memoria histórica de México el fraude electoral contra don José Vasconcelos, el chanchullo de Carlos Salinas de Gortari en contra del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas y los mapachazos en contra de López Obrador en 2006 y en 2012. Eso sin contar las trampas en elecciones municipales y estatales
Y todavía se extraña Lorenzo Córdova Vianello de la pérdida de la confianza en las instancias electorales. Si el régimen se vale de todo para hacer triunfar a sus candidatos; los últimos ejemplos los tenemos en el estado de México cuando hicieron ganar a la malagueña a Alfredo del Mazo Maza, primo de Enrique Peña Nieto y en las elecciones de Coahuila, donde perdió el abanderado del PAN con verdaderos malabares con las cantidades gastadas por el PRI en ambas elecciones; con la complicidad de Lorenzo Córdova Vianello y su pandilla electorera.
Total, que no haya conteos rápidos que solo sirven para sembrar la desorientación en la ciudadanía.
De qué sirven las sanciones de las autoridades electorales, si las aplican ya que los tramposos tienen sus constancias de mayoría y muchas veces ya están montados en el cargo y con todo el poder. Así como el dinero del extranjero llamado burlescamente de “los amigos de Fox”. Ya ni llorar es bueno de la chinga que le dio al país Fox, sus entenados y su Martita.
Los tribunales electorales son una verdadera farsa y con lo caro que cuestan. Miles de millones que mejor servirían para subsanar necesidades ingentes del pueblo mexicano.

Loading Facebook Comments ...