Quién es Quién/A cada santo le llega su día y a cada cochi su madrugada/Noé Farrera Morales

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Me pregunto si el flamante fiscal General del Estado de Chiapas, Raciel López Salazar, se ha puesto a pensar en cuál sería su destino si José Antonio Aguilar Bodegas llegara a ser el gobernador de Chiapas. Digo, desde la comodidad de su puesto se ha encargado de perseguirlo por órdenes del bastardo Juan José Sabines Guerrero y eso lo sabemos todos, aunque el fiscal finja demencia. Yo creo que le haría bastante bien ponerse a revisar la historia. Y no necesita irse tan lejos, con que le dé una mirada al cómo desarrollo su trayectoria el Fiscal del gobierno de Pablo Salazar, cuáles fueron sus excesos y cómo terminó siendo huésped de aquello que uso como bandera de persecución, supongo, es suficiente.
Y aclaro, antes que sus mentecitas retorcidas o sus alucinaciones comiencen, que no estoy diciendo que Josean se vaya a vengar de todos estos años de infamias y acoso, de amenazas, de bloqueos, de lucha que ha tenido que mantener y de persecuciones que fueron terribles en el sabinato. Para nada. Pero no hace falta ser vidente o sabio para entender que en algo parecido podría acabar el camino del vasallo sabinista. Sobre todo porque Raciel se ha resistido a irse y ha mantenido los ojos del bastardo Juan Sabines, su patrón a quien le sigue siendo fiel, fijos en la administración. Es el Judas que avisa sobre cómo se mueven las cosas en el estado y ahora que Josean anda fuerte, que sabe que puede ser la carta de Por Chiapas al Frente, que puede encabezar la unidad de los verdaderos priistas que no se sienten identificados y que seguramente le darán voto de castigo al mismísimo tricolor, de seguro anda preocupado por lo que pueda pasar.
Pero la preocupación no sólo recae en Raciel que sabe que podría ser huésped de El Amate por todas las corruptelas que ha solapado desde la antigua Procuraduría General de Justicia de Chiapas y ahora desde la renovada, aunque sea sólo de nombre, Fiscalía General del Estado de Chiapas. No. Seguramente el que más debe estar preocupado es el bastardo Juan José Sabines, el que hizo hasta lo imposible para que a Josean lo detuvieran al grado de inventarle delitos y desatarle un desprestigio que mantuvieron en peligro al expriista. Pero el odio de Sabines no sólo es irracional. Su coraje fue porque Aguilar Bodegas no cedió a sus caprichos de dejarle en charola de plata la candidatura rumbo a la sucesión gubernamental que dejaba el soyalteco Pablo Salazar.
Desde que Sabines decidió abandonar el PRI, Josean se mantuvo en ese barco pese a lo que sabíamos venía. Y así fue. Toda la cargada del Estado fue a favor de Juan Sabines, a quien Pablo respaldó con todo su poder. Y no era para menos. El soyalteco también andaba de rencoroso porque se acoraba que su salida del PRI, como el traidor que es fue promovida por Josean, como de igual modo fue la del exgobernador Roberto Albores Guillén, uno de los peores ejecutivos que hemos tenido. Porque, insisto, recordemos que los Albores no son priistas y aun así el diablito quiere competir rumbo a la gubernatura aunque no le dé, pero bueno.
Ya imagino a Pablito, a Sabines y a Raciel. Pablo, pues, bueno, él ya sabe a qué huele una celda y a qué sabe el color naranja en un traje. Lo sabe bien porque el mismo bastardo lo metió a la cárcel. Quizá sería buena experiencia para Raciel y para el mismo bastardo que los vistan de reos y los dejen una temporada, mientras los obligan a que devuelvan todo aquello que se robaron. No es lo mismo andar inventando delitos como lo hicieron ellos a que esa bola de ladrones sí se los compruebe y entonces tengan que pagar por todo el daño que le han hecho al erario. Que no olviden los dichos populares estos granujas, porque a cada santo le llega su día, a cada capilla su fiestecita y, como de que no, a cada cerdo su madrugada.

ANCLAJE

Hoy hice una llamada a la tesorera del Ayuntamiento conejo, Cristina Palomeque: primero para desearle feliz año y luego para hablar de un asunto económico. Sin identificarme la voz, porque llamé de un teléfono que es de un amigo, ya que a mi número no contesta, me dijo: “Ya le mandé su cheque, Licenciado Toledo”. De inmediato respondí para rectificar su error. “Discúlpeme contadora, soy Noé Farrera Morales, no el señor Toledo. Se está confundiendo”. Un silencio y luego el titubeo en las disculpas y un intento de explicación. Por último, me dijo que los pagos que me adeuda el Ayuntamiento por conducto de comunicación institucional no se habían dado porque al señor Fernando Castellanos, alcalde de Tuxtla Gutiérrez, no se le pegaba la gana firmar mis pagos (palabras más, palabras menos). No diré más. Pero me gustaría escuchar la justificación de Fernando sobre su postura a mi trabajo. Es cuanto…

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