Quién es Quién/A mi sobrino Javier Antonio Farrera Nuricumbo/Noé Farrera Morales

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El pasado sábado terminaron las misas de 40 días de Javier Antonio Farrera Nuricumbo, quería escribir algo tan especial para este día y no pude más que pensar en sus padres, esposa e hijos. La vida es en verdad un misterio al que pocos hemos podido acceder para descifrarla. No son estás palabras una despedida pero si quisiera compartir aquí las palabras de un genio de la literatura, escritas hace unos años: “si por un instante dios se olvidará que soy una marioneta de trapo y me regalara un trozo de vida, posiblemente no diría todo lo que pienso, pero en definitiva pensaría todo lo que digo. Daría valor a las cosas, no por lo que vale, sino por lo que significa. Dormiría poco, soñaría más, entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos, perdemos segundos de luz, andaría cuando los demás se detienen, despertaría cuando los demás duermen y escucharía cuando los demás hablan”.

En especial a mi hermano Javier y a su señora esposa Esperanza nunca antes había sentido una nostalgia para escribir estas líneas y hablar de una persona tan querida y estimada para toda la familia, como fue Javier Antonio Farrera Nuricumbo.

En el peregrinar de esta batalla he vivido adelantarse a mis seres más queridos como fue mi padre don Noé Farrera, a mi madre doña Andrea Morales, pero la nostalgia que me dejo Javier Antonio por el paso de esta vida me dejo consternado he pasado varios días tratando de dar forma a estas palabras, días y noches arrastrando lápiz y la memoria, me veo junto a mis padres y ellos muy sonrientes, tranquilos me hablan al oído para decirme que Javier Antonio está mejor allá arriba que acá en la tierra.

He pasado varios días pensando en la tristeza y soledad que embarga a mi hermano Javier y a su compañera Esperanza, en la soledad que le dejo Javier Antonio, pero al final de esta luz veo con claridad por qué el creador de este universo mando a llamar a Javier Antonio para consolarlo a una mejor vida.

En este deseo de vivir lo que ahora me lleva escribir estas líneas a quienes se han marchado, a quienes han emprendido ese viaje eterno y ese respiro de paz que algunos llaman muerte, es a ellos, a quienes pido que nos regalen conjuntamente con el creador un remanso de paz, tranquilidad y aceptación, de las cosas que no podemos cambiar y valor para cambiar las que si podemos.

Hasta siempre querido Javier Antonio.

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