Quién es Quién/Del dicho al hecho/Noé Farrera Morales

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Escuché el informe del gobernador Manuel Velasco Coello. Por un momento me vi sentado frente a las paradisíacas playas de Dubai. Hasta me olvidé que el río Sabinal era un cúmulo de infecciones, de olores fétidos y de desemboque de drenajes. Visualicé las calles convertidas en unas carpetas de excelentísima cantidad. Vi los cargueros llevando todo lo que producimos a los otros países, porque según entendí somos el chile de todos los moles. Es más, hasta vi que habíamos salido del ranking de los tres estados más pobres, que Tapachula ya no era una frontera porosa, que la deuda no existía y que cada chiapaneco estaba ungido por el progreso y desarrollo.
Sí, me vi como en un país del primer mundo. Me vi sentado en una playa disfrutando de una deliciosa agua de coco, mientras mis nietos jugaban al voleibol en la arena y mi esposa recibía el aire de dos colosos que nos custodiaban con sus abanicos. Lástima que cuando abrimos los ojos, que cuando volteamos a ver las calles en Terán, que cuando pasamos bordeando y tapándonos la nariz para no sentir la pestilencia de nuestro río que cruza la capital, que cuando evadimos los baches con los autos, que cuando evitamos salir de noche para no ser asaltados, la realidad nos pegué de frente y nos muestre lo que somos en realidad y no lo que dicen que en sueños, o desde las burbujas en la que viven ellos parece que somos.
Una burla es hablar de desarrollo y progreso en un estado sepultado por la desvergüenza, por la apatía y la frivolidad de los últimos gobiernos. Una burla es que nos muestren algo que no es y quieran seguir entregándonos espejitos como cuando los españoles vinieron a conquistarnos. El chamaco que elegimos como gobernador –porque hay que incluirnos incluso por nuestra apatía a votar- vive inmerso en una burbuja y desde esa óptica su lectura es otra. Habla de crecimiento, da cifras y nos empalaga con cifras que no se acomodan a la realidad que nos pega una friega cuando se para frente a nosotros. Porque Chiapas sigue siendo uno de los estados más pobres de México. Porque Chiapas tiene incremento en la pobreza, en la pobreza extrema, en la miseria y en el nulo desarrollo.
No sé, honestamente lo digo, de qué Chiapas habla el gobernador porque el Chiapas que yo veo, en el vivo, no es ni siquiera un poquito parecido al que nos vendió en una perorata que bien pudiera ponderar el mandamás de Dubai o el de Los Países Bajos o el de otra potencia. Basta dar un vistazo a los municipios, basta dar una chequeada a la inexistente aplicación del Estado de Derecho. Basta ver que mientras él habla de paz social y de progreso, a la alcaldesa de San Pedro Chenalhó, Rosa Pérez Pérez, la apedrean porque es la causante de la creación de grupos paramilitares. Basta ver que mientras él y sus diputados, esos que se ponen de tapete y que han supeditado la autonomía del Congreso a los caprichos del Ejecutivo, estaban encorbatados aplaudiendo como focas amaestradas las mentiras, al frente del Palacio de Gobierno se encuentran los desplazados del Ejido Puebla.
No, Chiapas está en caída libre y no se ve la forma en cómo pueda acomodarse para que las cosas marchen bien. Nuestro estado no tiene ni desarrollo ni progreso. Nuestro estado no es lo que dicen que es. Somos un estado rico en manos de unos bandidos que sólo velan por sus intereses y que nos han saqueado a su antojo. No se ve por ningún lado el Chiapas que leyó en una glosa infame el gobernador. Si me preguntan a mí de su ida, que vaya y nos dejé en paz. Cinco años nos han desangrado y se han encargado de cobijar al mismo sátrapa de Juan José Sabines Guerrero. Ni hablar. Pobre mi Chiapas que hasta en lo escrito se empapa de mentiras. ¡Hasta mañana!

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