Quién es Quién/El arte de tragar sapos/Noé Farrera Morales

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Sabes, Noé, me dijo hace muchos años atrás mi padrino don Juan Sabines Gutiérrez, la política es el arte de tragar sapos y saber pedir más y agregar por favor. Carajo. Qué bien sabía el viejo de lo que estaba hablando. Hoy esa frase es bien conocida por todos los que estamos en los medios de comunicación y que vemos a los políticos decir una cosa primero y luego decir otra. Mire usted nomás a los Verdeecologistas que habían lanzado, con todo, su movimiento por la dignidad y cuando en el centro del país notaron que se salían del guacal les pegaron su enjabonada y los hicieron regresar al nido que les había dado cobijo.
Es más, hasta se mostraron como divididos. Sólo algunos que son más perros que los verdaderos perros se quedaron quietos y siguieron haciendo como que trabajaban y hoy tienen ya ganada unan su curul. Si no me creen lo que les digo pregúntenle a la nena Salazar a que se debe el hecho que le vayan a dar su espacio en el Senado. La respuesta no requiere nada de esfuerzo para poder ser contestada. A la nena le dan eso porque es un perro leal, se queda calladito, mueve la cola, ladra cuando se lo piden y eso, señores y señores, aquí y en China, es apreciado aún por las cúpulas.
Ahora bien, cuando hablaba de tragar sapos sin chistar me refiero a esos verdes que primero dijeron que se iban con Zanja Negra, esos que dijeron que también estaban ofendidos, esos que saltaron la tranca como becerras en celo buscando llamar la atención y buscando que el movimiento de la dignidad que su patrón le había prometida fructificara. Pero oh sorpresa. No fue así. Se equivocaron y hoy andan como perros arrepentidos, con las colas entre las patas, viendo como su partido el Verde Ecologista, por órdenes desde el centro el país, está ratificando la candidatura de quien los llevará a perder, pero candidatura al fin, del diablito Albores Gleason.
Y yo sí me pregunto, ¿qué pasará en estos momentos por la cabecita de zule del Zanja Negra que se quedó fuera de la jugada, que lo dejaron como el chinito nomás milando, que lo mandaron a freír espárragos? ¿Qué pensará porque después de haber derrochado miles de millones de pesos en su movimiento que pensó que le daría buenos dividendos, porque alguien le susurró al oído que lo hiciera? Y esos que renunciaron a la diputación, me pregunto yo, porque el Congreso no le da una patada en el trasero y los corre. Se querían ir pues que se larguen, no que retornan por el desconocimiento de la Constitución Política con las colas entre las patas y apuestan a la desmemoria de nosotros para poder seguir mamando de la teta presupuestal y ocupando espacios dentro de la administración pública y sigan siendo el principal cáncer que lacera y asesina lentamente a las instituciones.
Por eso creo que yo nunca podría ser político como esos de corbata y camisa blanca. Porque ahí se requiere ser hipócrita, cínico, desvergonzado, mitotero, falto de huevos, arrastrado, vil, mediocre, parásito y deshonesto, más lo que me falte, y pues simplemente que yo no soy así. Y por eso me extraña, aún más, ver como los políticos abren a boca y se tragan un sapo o un kilo de estiércol, lo que les den primero, se chupan los dedos y si les ofrecen más, lo aceptan. Ah, y si no les ofrecieran otro poquito de seguro que piden más y siguen tragando sin chistar. Por eso se dice que es un arte y que pocos son aquello que acostumbran eso.
Vaya triste historia la que se trepó a los hombros Zanja Negra y su equipo que se desgarraban las pieles. No veo a esos seudoperiodistas que lo alababan, que lo ponían en las boletas, esos pitonisos de la información que escriben los que les mandan, hablando maravillas de él ahora, defendiéndolo. Triste las historias de ese tipo que culminan así. Tiene mucha razón un amigo que me ha dicho que el principal problema de nosotros es que nos gusta inflar sapos. ¡Hasta mañana!

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