Quién es Quién/EL FUTURO DE LA PRESIDENCIA MUNICIPAL DE TUXTLA GUTIERREZ Y CARLOS MORALES/Noé Farrera Morales

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Es ya un lugar común el uso de la expresión coloquial “se sacó la rifa del tigre” para referirse a una labor particularmente difícil, sobre todo en el oficio político. En el caso que nos ocupa le viene como anillo al dedo la tarea que le tocará desempeñar al licenciado Carlos Morales Vásquez como presidente municipal de esta ciudad capital tan parchada, tan sucia, maloliente, deteriorada y sobre todo peligrosa.

Tuxtla Gutiérrez es una ciudad que a simple vista parece una llanta ya casi inservible y que sigue funcionando a base de parches. En un recorrido por nuestra ciudad, nos encontramos con que pueden contarse con los dedos de las manos; las calles con pavimento en estado de uso, sin baches, sin parches y sin chibolas que arruinan en dos por tres las llantas de los vehículos y las partes de suspensión. Incluso en tramos del Periférico, tanto en la parte norte como en la sur, es un riesgo el tráfico vehicular.

Y eso, que el anterior presidente municipal Fernando Castellanos Cal y Mayor hizo un circo propagandístico con el slogan “una calle pavimentada por día”. Eso fue una jalada de las más feas de Fernando Castellanos (FERCACA) para ponderarse con la finalidad de hacer crecer su candidatura para gobernador de Chiapas.

Tambien son parte importante la reconstrucción de los drenes pluviales para que las calles de Tuxtla no se vuelvan ríos y pongan en peligro a los conejos y los mismos vehículos. Esos lugares riesgosos son la calle frente a la Procuraduría capitalina en el Libramiento norte Oriente; en la Avenida Central Oriente en el entronque con calle del Pensil donde se forma un super charco de un metro o más de profundidad que es una trampa para los vehículos automotores.

Otro lugar peligroso es la bocacalle de la Avenida Central y la Quince Calle Oriente, frente a la escuela Eliseo Palacios, donde baja una corriente de agua proveniente del Sur, que se lleva de corbata a los vehículos que desafían dicha corriente. Las calles del fraccionamiento el Rosario y las del Infonavit Grijalva que arrastran piedras, árboles y vehículos y son un riesgo para cualquier incauto que se atreva a desafiar la corriente.

El transporte urbano de nuestra capital a base camionetas es en extremo incómodo, ya que ahí van amontonados los pasajeros en verdaderas jaulas para pollos. Popr otra parte, las rutas de los vehículos están trazadas como los rayos de una rueda; cuyo centro está en las calles alrededor de la zona comercial del centro de la ciudad, en las cercanías de los mercados Sabines y Pascasio Gamboa. El congestionamiento a las horas pico con ese transporte es verdaderamente para martirizar al más cristiano de los pasajeros.

Por lo menos hay en esa zona de los mercados Nuevo y Viejo unas cien terminales de líneas de camionetas. Es de imaginarse los cuellos de botella que se forman en el tráfico citadino. Pero no hay autoridad que se atreva a ordenar el transporte de pasajeros urbano. Siquiera que evitasen las autoridades que los pasajeros no vayan amontonados en su voracidad por cobrar el diario a los choferes comisionistas.

Hay tramos de la ciudad en las que están inservibles la mayoría de las luminarias, con el correspondiente riesgo de que asalten a las transeúntes, sobre todo el sábado por la noche, cuando los trabajadores cobran sus magros salarios semanales y el peligro de un asalto es mayor. Además que la policía es inexistente, no se encuentran azules ni para remedio.

Otro de los problemas es la basura, caminamos dentro de la basura callejera, en ciertos lugares hay montones de basura, ramas, hojas, muebles destruidos, llantas y de más desperdicios que los basureros de Proactiva Veolia no levantan con el pretexto que esa basura no la levantamos porque no está en el contrato.

Y el hampa que cada día es más audaz, cínica y atrevida. Ha habido asaltos en el cruce de la avenida Central y la Calle Central, por los mercados y en cualquier rumbo de la ciudad. Retirar cinco mil pesos 0 más de una sucursal bancaria en cualquier parte de la ciudad es un verdadero albur. Desde el interior de los bancos ponen sobre aviso a los rateros para que despojen a los cuentahabientes con unos pesos que hayan retirado.

El caso se complicará porque es muy posible que las obras que hayan anunciado las anteriores autoridades municipales ya se hayan pagado y al dinero le hayan salido alitas; y esos dineros si no fueron correctamente ejercidos, que Carlos Morales gestione enérgicamente su reintegro, porque nuestra capital necesita hasta el último centavo, porque está llena de deudas. Asímismo, es necesario que Tuxtla Gutiérrez se libere de los pesados pagos a Proactiva Veolia. Ya mamaron bastante y se malacostumbraron. Es de elemental justicia.

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