Quién es Quién/- El gobierno que merecemos/Noé Farrera Morales

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Al iniciar 2015 el gobierno atravesaba la peor crisis de credibilidad, no solo del sexenio sino de la historia reciente. Todos los vicios que se encontraban en las entrañas de la vida política mexicana desde la segunda mitad del siglo XX salieron a la luz de golpe y porrazo a través de los distintos escándalos que no solo involucraban al presidente, gobernadores, presidentes municipales, senadores, diputados y partidos políticos.
Durante meses la renuncia del presidente estuvo en boca de todos; se convirtió en una exigencia para unos; para otros resultaba absurda pues su salida del poder no cambiara las cosas porque todo el sistema estaba podrido. Aun así, las protestas, los reclamos, las manifestaciones, todas terminaban en última instancia señalando al presidente como el gran responsable.
El enojo de la sociedad está plenamente justificado: el país lleva décadas estancado en la corrupción y la impunidad- sin contar el miserable crecimiento económico desde hace años- el resentimiento social afloro por todas partes; ya no hubo nada que hiciera el gobierno que pudiera ser sometido a una crítica justa o al reconocimiento de haber hecho una buena labor. Cualquier propuesta, cualquier declaración, cualquier anuncio oficial son despreciados. Nada que diga el gobierno es digno de credibilidad. El país atraviesa una crisis política.
La clase política en pleno se encuentra en la misma situación; los partidos son vistos con desprecio; diputados y senadores abusan del poder; se sirven con la cuchara grande; se autorizan bonos a diestra y siniestra; no escuchan a sus representados y permanecen indolentes ante la situación; los sindicatos siguen en manos de dictadorzuelos que envejecen y se enriquecen; los gobernadores como el wero Velasco Coello que violan la constitución del estado de Chiapas es un señor feudal que disponen de recursos y de voluntades.
Las redes sociales le han declarado la guerra al gobierno; insultos de todo tipo en contra del Presidente, contra los secretarios, contra gobernadores y legisladores; recriminaciones, acusaciones, rumores sin fundamentos; burlas, convocatorias a manifestaciones, firma de peticiones. Cualquier persona ajena al país que se acerque a twitter para comprender el México actual podría pensar, sin temor a equivocarse, que un estallido social estaría muy próximo. Pero el activismo de sillón y de café está muy lejos de la realidad del país; el activismo en 140 caracteres ha demostrado que no tiene que ver con la responsabilidad cívica y la participación ciudadana. El futuro del país no pasa por las redes sociales.
Ni Ayotzinapa, ni Tlatlaya, ni la casa blanca, ni los motines en las cárceles, ni el caso Odebrecht , ni los desaparecidos, ni los levantones, ni las extorsiones, ni los socavones, ni el aeropuerto nuevo, ni la corrupción del sistema político, ni los asesinatos de periodistas, ni los feminicidios, ni el tráfico de influencias, ni el autoritarismo, ni la impunidad, ni las fosas clandestinas, ni el territorio nacional ensangrentado han sido suficientes para que la sociedad reaccione más allá de una manifestación o un grito de protesta. Cuando unos 33 millones de ciudadanos, de 84 millones que pueden votar, no les interesa hacerlo, no hay lugar para un futuro diferente.
La indiferencia prevalece y en estas pasadas elecciones del 2018 así lo demostraron, gracias al hartazgo a la impunidad y a la corrupción Morena arraso con gubernaturas, presidencias municipales, diputaciones, senadurías y Presidente de la República.
¿Tenemos el gobierno que merecemos?

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