Quién es Quién/LA CABEZA DE MEDUSA Y LA CORRUPCION/Noé Farrera Morales

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Hace ya algún tiempo, cuando ni en sueños López Obrador y sus seguidores se imaginaron el triunfo electoral tan aplastante que obtuvieron el primero de julio de 2018. Un triunfo que cambió la faz política de nuestro país. En ese tiempo, el Peje llevaba ya algunos años de hablar de la corrupción como el cáncer que carcomía el cuerpo social de México.
Fue entonces cuando el Peje afirmó que la corrupción se combatiría como barrer unas escaleras, de arriba hacia abajo. Nada más que al Peje se le olvidó que la corrupción en nuestro país es como la cabeza de la Gorgona Medusa, con serpientes en vez de pelo y cada ofidio es de una voracidad increíble. Además, en cada oficina de gobierno municipal, estatal y federal hay cabezas de la Medusa que devoran todo lo que está a su alcance.
A reserva de hacer ejemplos de las cabezas de Medusa que medran en los diferentes niveles de gobierno, organismos autónomos y sindicatos, bien puede comenzarse con un ejemplo que sufrimos la mayoría de los ciudadanos; como es el funcionamiento de los ayuntamientos en nuestro estado de Chiapas y que se reproduce con cierta fidelidad a lo largo y ancho del país donde rija el Artículo 115 Constitucional.
Es común que cualquier hijo de vecino que logre triunfar en una elección para presidente municipal es como si le pegara al gordo de la lotería. Para empezar, desde que es candidato empieza a hacer compromisos con capitalistas, dueños de constructoras o empresarios. Esos empresarios cooperan para los gastos de la campaña municipal para tener aseguradas las inversiones en el trienio del candidato en caso que resulte triunfador.
Escoge muy bien a los integrantes de la corporación municipal; sus regidores y su síndico deberán ser personas disciplinables y también propensas a la transa y la mordida, porque esas personas son las que legalizarán los actos del presidente municipal. Además el síndico será corresponsable del movimiento de los fondos del ayuntamiento.
Lo peor del caso es el cambio de personalidad de los presidentes municipales, que comienza cuando se enteran del monto de sus percepciones como munícipe. De ser un simple particular, artesano, campesino, comerciante, trabajador libre o simple asalariado, se da cuenta que percibirá sesenta, setenta, ochenta mil pesos o más mensualmente su mente sufre un proceso de cambio de personalidad. Se sienten un “ Huicho Domínguez” cualquiera.
De acuerdo con la ley, las sesiones de cabildo deben realizarse cada semana para tratar los asuntos que atañen al ayuntamiento y deberán levantarse actas circunstanciadas de cada sesión de cabildo.
El presidente municipal suspende las sesiones de cabildo cuando así conviene a sus intereses o nombra a un presidente accidental que generalmente es el s{indico. Cuando el presidente lo considera, por medio de su secretario manda a hacer las actas de cabildo omitidas y las realiza a sus muy particulares intereses. Posteriormente llama a los regidores para que firmen y legalicen dichas actas.
Por medio de esa manipulación de las actas de cabildo el presidente compra, negocia, hace construcciones ficticias; construye puentes donde no hay ríos ni arroyos, hace vados, y muy de vez en vez hace obras generalmente de relumbrón para muestra de sus afanes constructivos. As{i se agotan los presupuestos.
Mientras tanto nombra empleados o asesores a sus parientes consanguíneos o políticos, establece papelerías y comercios de materiales de construcción para que el ayuntamiento compre de manera exclusiva y si decide no compartir con nadie las construcciones, establece su propia constructora por medio de interpósitas personas, más conocidos como prestanombres.
Así se ve que al terminar el trienio el presidente municipal saliente resulta dueño de rancho(s), casas, comercios, camionetas de lujo, casas ostentosas aunque de mal gusto; caserones en fraccionamientos de esta capital y los lujos acostumbrados de nuevo rico.
Eso que anotamos es apenas un pálido reflejo de la realidad. Y en Chiapas son 122 municipios, en el que cada uno tiene su cabeza de Medusa. Y para cada Medusa se necesita un Perseo. ¿Dónde se encontrarán tantos?
Hay cabezas de Medusa pequeñas en los municipios pequeños; pero las Medusas de Tuxtla, de Tapachula, de Comitán, de Tonalá que son verdaderamente monstruosas. Así que a entrarle al toro. No hay de otra.

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