Quién es Quién/LAS ELECCIONES EN TIEMPOS DEL GENERAL CÁRDENAS/Noé Farrera Morales

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En algunas localidades de Chiapas, el tiempo de elecciones es el tiempo de los apasionamientos. Los seguidores de un candidato sufren, se enojan, insultan, pelean a puñetazos, bofetadas, cachetadas; entre familiares y aún entre hermanos se crean las enemistades. Por fortuna no salen a relucir las armas para dirimir las diferencias, por las noches se oyen descargas de pistola, de los R15 y los cuernos de chivo (AK47). Es asunto de ver como las redes sociales sirven también de arena para combatir a los contrincantes con mensajes, fotos y opiniones diversas.
En algunos lugares no hace mucho tiempo, en las elecciones para gobernadores y presidencia de la República los mítines y las concentraciones terminaban en batallas campales. Los adversarios políticos participaban en las grescas a puñetazos y patadas, pedradas y en casos extremosos salían a relucir “las matonas” de diversos calibres, los 30-30, los máuseres, las carabinas, las famosas ametralladoras Thompson y otras armas de fuego portátiles. Las casillas eran el campo de batalla predilecto de los bandos.
Cuando el general Lázaro Cárdenas del Río estaba en los últimos tiempos de su sexenio en el año de 1940, saltaron a la palestra varios candidatos, dentro del Partido oficial (el Partido Revolucionario Mexicano) el general Francisco J. Múgica, el también general Rafael Sánchez Tapia, el general Joaquín Amaro y el bueno, el general Manuel Ávila Camacho, Secretario de Guerra y Marina.
En el bando disidente el candidato más fuerte era el general Juan Andrew Almazán, exhuertista y hombre de negocios y que tenía mando de tropas. Almazán se pronunció en contra de la educación socialista, de los ejidos, de la CTM, de la CNC, de la expropiación petrolera y la antidemocracia del partido oficial. La candidatura de Almazán apoyado por la derecha empezó a tomar fuerza. Fue entonces que el general Cárdenas designó candidato del PRM a la presidencia de la República.
El general Cárdenas ofreció públicamente que habría elecciones limpias y un absoluto respeto al voto popular. Con el respaldo de la presidencia de México, Ávila Camacho se sintió fortalecido y comenzó su campaña.
Ante el crecimiento de la popularidad y aumento de seguidores, el partido oficial empezó una verdadera guerra sucia contra los disidentes.En Monterrey, Pachuca y Puebla hubo numerosos muertos y heridos. Las diversas policías participaban con los del PRM en contra de los almazanistas. La tensión subió y resultaron las batallas el 7 de julio de 1940.
La ley electoral vigente en esos tiempos, permitía que se instalasen las casillas con un empleado del Registro Electoral y los cinco primeros ciudadanos que se presentaran. Por supuesto, todos los partidarios de las facciones querían ser los primeros en llegar. Tanto los integrantes del PRM como de los almazanistas formaron brigadas de choque muy bien pertrechados. Esto permitió que muchas casillas fuesen ganadas por los almazanistas. El candidato Ávila Camacho fue a la casillas donde le correspondía votar y encontró la casilla llena de almazanistas.
Gonzalo N. Santos, el famoso “alazán tostado” en sus memorias relata la lucha electoral del 7 de julio de 1940, cuando fue electo el general Ávila Camacho: a las siete de la mañana, Santos ya había matado a un almazanista en un nutrido tiroteo. Enseguida se encargó de formar una brigada de choque de unos 300 gatilleros entre policías y militares y con ella se dedicó a asaltar casillas a punta de balazos.
Los almazanistas llegaron a votar en gran número a favor de su candidato y las ánforas se llenaron con los votos a favor de Almazán. Pero al poco rato llegaban las brigadas del Comité Pro Ávila Canacho y a balazos hacían huir a votantes y representantes de casilla. Se robaban las urnas y se tiroteaban con los almazanistas que estaban en gran número.
En la casilla donde le correspondía votar al general Cárdenas, llegaron los bomberos y con las mangueras a presión lavaron la sangre y pusieron nuevas ánforas. El presidente Cárdenas votó y comentó: que limpia está la calle, Santos le contestó: donde vota el presidente de la República no debe de haber basura.
Conforme se fue el presidente Cárdenas Santos ordenó conseguir nuevas urnas y con las listas de electores comenzaron a reponer las boletas, en las que todos votaron a favor del general Ávila Camacho. Las instrucciones del general Santos fueron: llenen bien las urnas de boletas y por favor no discriminen a los muertitos, pues todos son ciudadanos y tienen derecho a votar.
Almazán huyó a Estados Unidos y en las ciudades del interior de la República se dedicaron a enterrar a sus muertos.
Ávila Camacho resultó triunfador con dos y medio millones de votos y a Juan Andrew Almazán le adjudicó apenas si quince mil votos.
Con ese fraude se comenzó a incubar el descontento de la población con el partido oficial y la clase política, lo que resultó en un marcado abstencionismo, apatía y desinterés que han contribuido a la corrupción e impunidad de la clase política.
Aquí en nuestra capital, hace apenas tres años que Castellanos Cal y Mayor fue declarado triunfador en unos comicios municipales tramposos. Están a la vista los resultados de su desastrosa gestión.
Y por último es impuesto como candidato a gobernador, en abierto desprecio a los ciudadanos de Chiapas.

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