Quién es Quién/Los albañiles y la Santa Cruz/Noé Farrera Morales

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Hoy es 3 de mayo y como cada año se realiza una celebración que es muy especial en nuestro país. Me refiero al Día de la Santa Cruz y es, al menos para quienes somos creyentes, equiparables al mismísimo valor que el 12 de diciembre tiene y que es el Día de la Virgen de Guadalupe, o bien, el de la celebración del 28 de octubre, cuando festejamos a San Judas Tadeo. Pero por qué se le da tanta importancia a esta celebración de este día donde los albañiles festejan y agracen al creador por todo lo que les da. Es simple, pues se dice que viene desde tiempos prehispánicos, justo cuando en los primeros días de mayo nuestros ancestros realizaban rituales dedicados a Tláloc con la finalidad de que la lluvia llegara y la cosecha fuera abundante. Ayer, por ejemplo, aunque sólo fue un pasón, llovió un poquito y nos mandó un mensaje que nos enseñaron a celebrar los más viejos cuando éramos niños.
Ahora bien, si nos apegamos a su antecedente católico, podemos observar que esta celebración del 3 de mayo se da desde la llegada de los españoles, desde donde se modificaron muchas festividades prehispánicas con la intención de que la devoción de dirigiera más hacia la religión católica y se camuflaron las fechas adaptándoles un mensaje netamente cristiano. Por ejemplo, la historia de este día de la Santa Cruz también se remonta a finales del siglo tercero. Sí, recordemos que fue “cuando la emperatriz Elena decidió buscar la cruz en la que Jesús murió y mandó demoler un templo dedicado a los dioses paganos romanos”. La historia cuenta que entre los escombros los que andaban buscando encontraron nada más y nada menos que tres cruces, y para saber cuál era la cruz donde Cristo murió pidieron que un enfermo las tocara. El enfermo tocó la primera y nada. Luego tocó la segunda y tampoco nada pasó. Cuando creyeron que todo estaba ya perdido, la última lo curó. Por este hallazgo la mujer fue canonizada, y hasta la fecha se le venera como Santa Elena de la Cruz.
De hecho, si seguimos hurgando en los anales de la historia Constantino, hijo de Elena, fue proclamado emperador y se cuenta que cuando se dirigía a luchar con su contrincante Majencio, con quien se disputaba el dominio del Imperio Romano, y la decisión del credo que se habría de adoptar oficialmente, Constantino y su ejército recibieron una señal divina. Es decir, “se delineó el símbolo que arroparía su victoria ante un ejército mucho más poderoso, una cruz inscrita en el cielo. La causa de la cruz triunfaría y los cristianos no solo dejaron de ser perseguidos, sino que eventualmente se convertirían, aprovechando su nueva posición, en los perseguidores de los viejos cultos paganos”.
Pero eso no es todo, como ya mencioné arriba en otras líneas, en esta fecha también se celebra el Día del albañil, ya que también muchos relacionan esto con la anécdota de Elena, esto porque quienes demolieron el templo romano fueron trabajadores de la construcción. Actualmente, por ejemplo, en todas las obras que se están construyendo los albañiles hacen una cruz con materiales de la construcción, veladoras y flores, y el patrón es quien organiza una comida donde, incluso, se invita a los familiares de los trabajadores y grupos musicales. Se come, se bebe y se baila. Se ríe y se llora. Hasta se discute, diría uno de mis compadres que se dedica a este noble oficio, pero ese es el chiste. La única finalidad de este rito es, además de celebrar su oficio, pedir que la obra sea conducida a buen final, que no les pase nada, que terminen sin ningún accidente y pedirle al creador que los ayude a que todo marche en paz. Por lo pronto desde estas líneas les mandó un abrazo y mi reconocimiento a nuestros maestros albañiles, poetas de la palabras, camaradas de la cuchara que saben dónde y cómo masca la iguana. ¡Hasta mañana!

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