Quién es Quién/Los anuncios de la Navidad/Noé Farrera Morales

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La corona o guirnalda de Adviento es el primer anuncio de Navidad. Siempre nos los recordaban mis padres cuando éramos muy niños. La palabra Adviento es de origen latín y quiere decir venida. Es el tiempo en que los cristianos, todos los que somos hijos de Dios, nos preparamos para la venida de Jesucristo. Por eso es que el tiempo de adviento abarca cuatro semanas antes de Navidad.
A nosotros siempre nos contaron que la corona de adviento encuentra sus raíces en las costumbres precristianas de los germanos (Alemania). Durante el frío y la oscuridad de diciembre, colectaban coronas de ramas verdes y encendían fuegos como señal de esperanza en la venida de la primavera. Pero la corona de adviento no representa una concesión al paganismo sino, al contrario, es un ejemplo de la cristianización de la cultura. Lo viejo ahora toma un nuevo y pleno contenido en Cristo. El vino para hacer todas las cosas nuevas.
Por ejemplo, los cristianos supieron apreciar la enseñanza de Jesús: cuando decía “Yo soy la luz del mundo; el que me siga no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida”. La luz que prendemos en la oscuridad del invierno nos recuerda a Cristo que vence la oscuridad y que debemos dejarnos de rencores. Nosotros, unidos a Jesús, también somos luz y por eso debemos perdonar a todo aquel que nos haya dañado.
La historia nos cuenta que en el siglo XVI católicos y protestantes alemanes utilizaban este símbolo para celebrar el adviento. Señala que aquellas costumbres primitivas contenían una semilla de verdad que ahora podía expresar la verdad suprema: Jesús es la luz que ha venido, que está con nosotros y que vendrá con gloria. Las velas anticipan la venida de la luz en la Navidad: Jesucristo.
Si usted busca encontrará que la corona de adviento se hace con follaje verde sobre el que se insertan cuatro velas. Tres velas son violetas, una es rosa. El primer domingo de adviento encendemos la primera vela y cada domingo de adviento encendemos una vela más hasta llegar a la Navidad. La vela rosa corresponde al tercer domingo y representa el gozo. Mientras se encienden las velas se hace una oración, utilizando algún pasaje de la Biblia y se entonan cantos. Esto lo hacemos en las misas de adviento y también es recomendable hacerlo en casa, por ejemplo antes o después de la cena. Si no hay velas de esos colores aún se puede hacer la corona ya que lo más importante es el significado: la luz que aumenta con la proximidad del nacimiento de Jesús quien es la Luz del Mundo. La corona se puede llevar a la iglesia para ser bendecida por el sacerdote.
Ahora bien, debemos saber que la corona de adviento encierra varios simbolismos. Por ejemplo: la forma circular marca que el círculo no tiene principio ni fin. Es señal del amor de Dios que es eterno, sin principio y sin fin, y también de nuestro amor a Dios y al prójimo que nunca debe de terminar. Por su parte, las ramas verdes son el color de esperanza y vida. Porque Dios quiere que esperemos su gracia, el perdón de los pecados y la gloria eterna al final de nuestras vidas. El anhelo más importante en nuestras vidas debe ser llegar a una unión más estrecha con Dios, nuestro Padre.
Las cuatro velas, por su parte, nos hacen pensar en la obscuridad provocada por el pecado que ciega al hombre y lo aleja de Dios. Después de la primera caída del hombre, Dios fue dando poco a poco una esperanza de salvación que iluminó todo el universo como las velas la corona. Así como las tinieblas se disipan con cada vela que encendemos, los siglos se fueron iluminando con la cada vez más cercana llegada de Cristo a nuestro mundo. Son cuatro velas las que se ponen en la corona y se prenden de una en una, durante los cuatro domingos de adviento al hacer la oración en familia. Y las manzanas rojas que adornan la corona son las que representan los frutos del jardín del Edén con Adán y Eva que trajeron el pecado al mundo pero recibieron también la promesa del Salvador Universal. Así como el listón rojo representa nuestro amor a Dios y el amor de Dios que nos envuelve.
En esta ocasión escribo sobe el adviento porque vienen tiempos difíciles y debemos tener nuestra fe fincada en nuestro Dios, porque él es bueno con nosotros sus hijos. Por eso, desde estas líneas, estimados lectores, agradezco a todos por sus mensajes, por las cartas que nos escriben y por los comentarios que nos hacen llegar. Sin ustedes esta columna y este rotativo no tendrían razón de ser. Que la dicho de mi Dios los alcance y que pasen una excelente Navidad y un próspero Año Nuevo. Nos leemos en la siguiente entrega.

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