Quién es Quién/Los junior del pode/Noé Farrera Morales

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Si hay una clase política que le está dando en la torre a Chiapas es la de los improvisados, la de los chamaquitos abortados de una cuna de oro que se forjó con ayuda del erario y que ellos son los encargados de seguir sangrando. Se trata de ese grupito de muchachitos que han arribado al poder y se han enquistado de forma cínica sin que tengan la mínima intención de abonar al desarrollo socioeconómico de nuestro estado, porque simplemente no saben nada ni entienden nada del papel real de un político. Se han enquistado en el poder gracias a los compadrazgos, a los favores de campaña, al empeño de la palabra, por la amistad, por capricho, porque no saben hacer nada y ven en este espacio un modo de vida fácil, porque sus papis les ordenaron, y por lo que a usted le parezca mejor, pero nunca porque tienen compromiso con la entidad o por los deseos de servir a la gente.
Desde que a alguien se le ocurrió la brillante idea de poner a chamaquitos al frente de las dependencias nos hemos arruinado. Sí. A alguien se le ocurrió que las personas con experiencia, mayores de edad, con sentido de responsabilidad, no debían estar al frente y en su lugar metieron a los muchachitos, a esos Juniors que no saben nada más que vestir de camisas blancas, pantaloncitos apretados, relojes de lujo y llegan a poner patas arriba los sitios, los espacios que deberían funcionar perfectamente bien. Y a quienes saben cómo funciona todo los bajaron de puesto o los despidieron en este masivo recorte que supuestamente sirvió como ajuste en la burocracia, aunque lo que no se dijo es que corrieron a quienes sí trabajaban, a la gente comprometida, a quienes sí saben ponerse las pilas, y dejaron en su lugar a los muchachitos que son herencia o aborto de los mismos de siempre.
El asunto de todo es que a los alumnos nada cambia. Lo primero se señala porque quienes buscan entender que todo se cuadra y es que la juniorcracia es una plaga que se reproduce con mucha facilidad. Ésta no elige a jóvenes que sean representativos, que tengan trabajo de militancia o que ponderen posturas ideológicas, sino que se nutre del más vetusto mal de la política, es decir: los compadrazgos, el apadrinamiento y el palomeo de los familiares (patrocinadores de campañas y sueños frustrados) que han visto un modo de vida sustentado en el arribismo, el oportunismo y la rapiña oficial.
Desde hace rato que la juniorcracia pondera a los jóvenes que sin trabajo político alcanzan con facilidad los puestos de elección popular. Son esos mismos que aparecen por arte de magia en tiempos electorales y que se integran a las planillas y caminan entre la gente como si fueran estrellas de rock (¡Uff!). Son los mismos que abanderan una estulticia ingente que se palpa en sus intentonas por hilar discursos o hacer que lo que dicen se entienda; son esos que usted ve en las diputaciones a través de las fórmulas plurinominales y que son el peor cáncer que pudo padecer la sociedad.
Lo cierto es que los promotores principales de este mal son los partidos políticos que se han encargado de coartar el derecho de participar en las elecciones a los candidatos y candidatas jóvenes con ideales, esos jóvenes que sí podrían representar el cambio y que son excluidos por dar paso a esos junior que ven a la política como un modo de vida basado en el derroche y el empoderamiento vil.Pero no vayamos muy lejos. Chiapas es ejemplo claro del daño que causa el uso desmedido de la  juniorcracia. Jovencitos y señoritas, niños snob y hípsters que fueron metidos a la fuerza, como cuña que ni aprieta, y que hoy tienen a nuestro estado patas arriba. Son esos que ante los problemas que requieren la intervención de la clase política se hacen chiquitos o desaparecen, o, peor aún, terminan tomando decisiones alejadas de la realidad que el pueblo paga con creces (mírenos en Chiapas ahora). ¡Hasta mañana!

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