Quién es Quién/Nena Orantes, la eterna arribista/Noé Farrera Morales

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María Elena Orantes López es la eterna arribista. La mujer que ha sabido mantenerse enquistada en el Poder Legislativo por 12 años y que ahora busca seis años más en el Senado sin siquiera haber hecho un trabajo óptimo ni nada por Chiapas. Ya fue senadora antes de buscar, risiblemente, ser la candidata a la gubernatura aunque sabía que no tenía ninguna oportunidad de lograr nada. Pero su jugada es la misma que ahora juega: apuesta a perder ganando, una fórmula que le ha dado muy buenos dividendos y que hoy le podría dar seis años de prebendas y canonjías para que siga enquistada en el poder sin que pueda aportar algo de utilidad para nuestro estado.
Me pregunto qué busca en el Senado María Elena Orantes y la respuesta es simple y sencillamente la que todos tenemos en la boca: nada porque llegó ahí sin ser esa sus aspiración, fue acomodada como una ficha de negociación y fue acomodada porque sabía que no tenía ni las tablas ni el peso para poder ser el alfil del Frente por Chiapas, al igual que el niño verde Diego Valera que busca el Senado, sin tener las tablas que se requieren para estar en un puesto de esa envergadura. Ahora, si Orantes ya estuvo en el Senado una vez y no hizo nada, ¿qué nos garantiza que ahora sí vaya a trabajar por Chiapas? En efecto, nada nos garantiza nada, así como su llegada no nos garantiza tampoco que no vaya a estar en campaña hasta que se envejezca o pase a mejor vida, porque la fórmula que maneja es algo que le da dividendos y difícilmente va a renunciar a ello.
Orantes López es lo peor del arribismo en la política chiapaneca. Siendo mujer nunca ha movido un solo dedo en favor de las mujeres y, hasta se dice, que su trato hacia quienes la han apoyado en sus campañas anteriores, siendo mujeres, ha sido de explotación y desprecio, para evitar pagarles todo aquello que les quedó a deber. Es más, hasta lociones y tacos le andaban cobrando por las redes sociales cuando andaba de ambiciosa y soñadora de que podría ser una de las aspirantes a la sucesión gubernamental. Y en efecto, nada dijo. Se quedó callada como lo ha hecho estos 12 últimos años en que ha envejecido en el apodo de una niña. Es decir, una mujer adulta a la que le apodan La Nena y que se comporta como tal: infantil e inmadura, apostando que una plurinominal o una plomeo desde el centro del país la pongan en el sendero donde se bifurcan las decisiones y entonces se acomode bien estos seis años. Lo mismo pasa con su fiel escudera, Sancha Claudia Trujillo. Porque ambas parecen una parodia mal lograda del Quijote de La Mancha, obviamente sin ingenio y pésimamente escrita.
Hoy, la famosísima Nena Orantes no es nada más que un remedo, una repetición fraudulenta de una mujer que se comporta como todo un político hombre para poder acceder al poder y que su mismo género ni es tomado en cuenta, más allá de esa burda descripción de mensajes y slogans que emplea para subirse al tren del mame. Lástima, de verdad lo digo, que hayan aún periodistas que sigan haciéndole el juego y le sigan dando difusión a los panfletos pichurrientos y mal elaborados que envía, sólo por unos pesos que les tira.
Los políticos como María Elena deberían tener ya un veto que les impida ser partícipes en las elecciones y un tatuaje en la frente que los tache como lo que son: corruptos y arribistas que sangran al erario y que le hacen mucho daño a nuestro estado. ¡Hasta mañana!

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