Quién Es Quién/No hay plazo que no se cumpla/Noé Farrera Morales

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Hoy vence el plazo que les dieron a los aspirantes a puestos de elección popular en las candidaturas independientes para presentar su lista de firmas y mostrar que sí obtuvieron el respaldo de la gente. Difícilmente se puede hablar de piso parejo: es la realidad de todo. Lo dije ayer a grosso modo y ahondo en ello ahora. Y digo que difícilmente porque no es lo mismo tener ya el aval de un instituto político, corrompido hasta los tuétanos, sopesado por las canonjías que les ha impreso el sistema al cual sirven, que ser un candidato honesto con ganas y deseos de que las cosas cambien, de que la corrupción termine, de que la impunidad no sea una carta compromiso y de que es país, este estado y este municipio puedan aspirar a dejar de ser la caja chica de todos esos arribistas que llegan al poder y que no hacen nada en pro de la ciudadanía.
¿Que si yo estoy de acuerdo con que se les dé más tiempo a los que aspiran a ser candidatos independientes para que puedan recolectar firmas? Pues claro que sí. Deberían tener unos tres meses para poder hacer su trabajo bien, para conformar un equipo que los respalde, para caminar y explicar a las personas que no andan pidiendo un voto sino que las firmas son simplemente para aprobar que sean participantes en el proceso electoral del 2018. Porque ese es otro problema terrible contra el que tuvieron que enfrentarse los ciudadanos que quieren participar en este proceso electoral: la desinformación de la gente que es uno de los enemigos terribles y con mucho poder, y que terminan impidiendo que las cosas sean más fáciles.
Yo no entiendo el por qué ponerles tantas trabas a los ciudadanos. Pareciera que la consigna de los organismos electorales es la de poner barreras, forjar bloques enormes que difícilmente se pueden flanquear. Pareciera que el objetivo es que pasen los mismos y que los dizque independientes que sí lo logran es porque son el mismo aborto del sistema o porque son un experimento frustrado y disfrazado de los partidos políticos. Hay tienen el ejemplo del soyalteco Pablo Salazar Mendiguchía que ya fue exgobernador, que es acusado de represión, de vejar sistémicamente los derechos humanos de cientos de chiapanecos, de amedrentar a organizaciones, y hoy sale agradeciendo que pudo juntar 90 mil firmas. La diferencia entre él y los ciudadanos de a pie es el capital económico. Pablo tiene dinero de sobra para pagar a cientos de personas que le ayudaron, cosa contraria que sucede con los que quieren participar y sólo son respaldaos por sus amigos y asediados por la apatía de la gente y el síndrome del cangrejo del mexicano.
Y aquí es, entonces, en donde uno se pregunta qué caso tiene buscar participar si no hay piso parejo, si no hay equilibrio. El favoritismo se tilda hacia los partidos y cubre a los que son de uno u otro color. Y desprotege a los ciudadanos que anhelan buscar un cambio. Recuerdo que cuando las candidaturas independientes se mencionarios hace unos años escribí una columna en donde señalé que éstas eran un simple laboratorio de los partidos políticos y que quienes en verdad fueran ciudadanos limpios, que fuera personas honorables, que fueran como usted o como yo, difícilmente iban a poder acceder a esos espacio de privilegio de la mafia del poder que menciona tanto el mentado salvador de los morenos Andrés Manuel López Obrador.
Lo cierto es que mientras son peras o son manzanas el favoritismo se ve y se palpa a todas luces. Diga lo que diga el árbitro electorero del IEPC es justo y es necesario que los ciudadanos que buscan participar en los comicios se les dé una prórroga. Es lo justo y es la forma de demostrar que no se están privilegiando a los mismos. ¿O no? ¡Hasta mañana!

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