Quién es Quién/Noé Farrera Morales/Lenón y parentela se adueñan de la Unicach

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Lo peor que pudo pasarle a la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas (Unicach) es darle entrada a Rodolfo Calvo como su rector. De nada sirvió el trabajo que había hecho el ingeniero Roberto Domínguez Castellanos si tras su partida como Secretario de Educación entró un arribista como Guerra y ahora un lenón. Porque es un secreto a voces de los salvoconductos que emplea el nuevo rector que de doctor tiene lo que yo de monje. Porque el problema crece más cuando uno se entera de que no sólo está en el manoseo y la succión de la teta de la casa de estudios el novísimo rector, sino que toda su parentela y queridas y amiguitos y chalanes, y quien quiera sumarse, se encuentra ya bebiendo las mieles de tener a un charlatán en tan privilegiado puesto.
Y es que no se espera menos de quien dice venir de abajo y que ha forjado todo su dinero en giros negros. Porque no puede negar que, más allá de su intento de radio, de su desesperada intentona por figurar como intelectual, de mostrase con la capacidad de argumentar una oración sin errores ortotipográficos (apuesto que no sabe ni qué es) o de que le digan que es un doctor, porque más allá de todo eso su pasado oscuro de venta de alcohol a jóvenes, de ser un fomentador de vicios y de las acusaciones de su supuesta participación en el fomento a la prostitución, lo va a perseguir a donde vaya y en el sitio en que se encuentre.
Es inaudito y risible que la Unicach tenga entre sus filas a un hombre que vivió, o sigue viviendo, de lo ilícito y que éste mismo sea el megaguardián, el súper sayajín, el mero lek de la universidad. A mí sí me preocupa que una casa de estudios cuya meta es la de formar a los jóvenes que son el presente tengan entre sus directrices a un personaje vinculado a lo negro y turbio. Cómo hablarles a los jóvenes, a los estudiantes, sobre moral, sobre valores, sobre el camino correcto de las acciones si ante ellos se erige, como monumento a la corrupción, como premio a los chueco y torcido, como pago a favores políticos, a un personaje embustero como Rodolfo Calvo. Es triste ver en lo que se han convertido las universidades tras el manoseo del Poder Ejecutivo. A las casas les han violado sus derechos y han pasado por sobre su autonomía. A los jóvenes les evita la fatiga y les envían pensar y luego nos arrojan camadas de chamacos egresados y encumbrados en la mediocridad.
¿Qué ejemplo puede ser Calvo para los jóvenes? O bien, ¿qué ejemplo puede ser el rector de la Universidad Autónoma de Chiapas, Carlos Eugenio, con su mediocre desempeño? Los rectores deberían personas de intachable moral. Deberían tener y figurar entre la clase intelectual del estado y rozarse con la crema y nata de investigadores. Pero no es así. Ni si quiera tienen el hábito de lectura. Para ser erector, y lo han dicho los especialistas, se requiere que ése crea en la educación inclusiva como estrategia fundamental para acceder al conocimiento y al desarrollo, que confíe en la capacidad de todos los estudiantes para aprender y liderar la búsqueda y puesta en marcha de estrategias pedagógicas innovadoras y pertinente, que sea proactivo y flexible (se permita cambiar, e innovar y afrontar la complejidad), que tenga un elevado grado de compromiso y motivación, que estimule y reconozca el buen desempeño de estudiantes y docentes, y que dirija sus esfuerzos a los aspectos en lo que se puede incidir, por mencionar algunos aspectos. Tristemente vemos que Calvo ni de chiste embona en nada de lo mencionado. Ridículo y patético es su nombramiento, como ridículo es que se sirva con la cuchara grande y use a la Unicach como botín para alimentar a los hambreados de sus familiares. Ya ahondaré en el tema. ¡Hasta mañana!

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