Quién es Quién/Nuestro descontento/Noé Farrera Morales

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Yo voy a anular mi voto ahora en julio, me dijo un compadre la tarde ayer cuando compartíamos café y pan de San Cristóbal. ¿Y eso?, pregunté. Pues es la misma perra pero revolcada, Noé. Mira que ahora el Partido de la Revolución Democrática (PRD) se desgarra las vestiduras por defender a los pinches arribistas de ultraderecha de Acción Nacional (PAN). Y que los partidos satélites del gobierno, como Chiapas Unido y Mover a Chiapas, alzan la voz cuando sabemos que son líderes piteros y que ni voto ni voto tienen. ¿A qué juegan pues estos que se dicen políticos y que ni el concepto conocen, Noé?, me dijo sumamente molesto, mientras se callaba porque el joven que nos atendía se acercaba a preguntar si necesitábamos algo.
Pedí un café orgánico media carga. Vi a mi compadre con el rostro molesto y vi, siendo muy honesto, el rostro y el sentir de muchos chiapanecos. No es para menos esta molestia; no es para menos pensar eso de todo lo que pasa. Estamos cansados, hartos, decepcionados, tristes, frustrados y todo aquellos adjetivos que a usted se le ocurran, amable lector. Porque la forma en que están tejiendo las cosas, en la que nos están demostrando que la democracia simplemente no le importa a nadie, en la que vemos que todos los políticos cambian de colores partidistas como se cambia de calcetines, en la que vemos los puestos de elección popular ser repartidos como se reparten pasteles.
Hemos perdido la capacidad de asombro como electores, ahora que lo pienso. Hemos perdido el interés y hemos dejado que unos cuantos sigan manoseándolo todo. Nos hemos acostumbrado a la inmediatez y a que la política sea un simple pastel que se divide y ya. Por eso, afirmo, es que la descomposición que estamos viviendo hoy en día es más cínica y más inmediata. Más desvergonzada. ¿Qué nos toca a nosotros, entonces, hacer para que todo esto no se siga desbaratando aún más de lo que ya está? Nos toca, me atrevo a decir, ser menos apáticos y ser más participativos. Seamos realistas y veamos que el desentendernos de todo lo que pasa es el factor primordial para que esto simplemente no marche y sigamos estancados. ¿Queremos que las cosas mejoren? Pues es sencillo: tomemos cartas en el asunto.
Primero que nada no seamos partícipes de las corruptelas. Rompamos con eso de sr comparsas de estos vividores que se han encargado de lacerar terriblemente al sistema. Dejemos de aceptar migajas. Cierto es que los programas asistenciales ayudan a una gran parte del grueso poblacional. Cierto es que éstos nos dan la pauta para poder ver cómo muchas familias se ayudan, sin embargo, son un método de control, una metodología de cooptar y tener bajo el mismo espacio a esas personas. ¿Qué resta hacer ante ese embate? Pues aplicar un método que el propio Andrés Manuel López Obrador, en alguna ocasión, con una sonrisa entre los labios, entre broma y broma dijo: que la gente agarre todo lo que le den y que voten por convicción, que entiendan que agarrar no empobrece pero lo que sí lo hace es seguir siendo comparsas de las misma prácticas de abuso y dominio que nos han sepultado en la miseria que hoy nos encontramos.
Por eso es que el malestar que mi compadre señalaba es tan común en nosotros. Por eso es que muchos ya no sabemos qué hacer y lo peor que nos puede pasar es tirar ahora la toalla y dejarles a manos llenas a los mismos las decisiones. Yo sigo creyendo en la democracia y en nuestras acciones. No doblemos las manos. Sigamos construyendo y abonando para que las cosas cambien. ¡Hasta mañana!

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