Quién es Quién/PARA CHIAPAS, PUROS SEXENIOS DE VACAS FLACAS/Noé Farrera Morales

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En la historia bíblica de la explicación ofrecida por el judío José respecto del sueño del Faraón egipcio de que aparecieron primero siete vacas gordas y después siete vacas flacas; fue que habría siete años de ubérrimas cosechas y enseguida vendrían siete años de cosechas fallidas, por lo que era necesario que los egipcios se preparasen con silos y almacenes para tener las reservas suficientes de trigo para que el pueblo del Nilo no pasasen hambre.
La vida en nuestra actualidad chiapaneca no es anual como en el relato del Génesis; ahora es sexenal y sigue el ritmo de los sexenios presidenciales y de los diferentes gobernadores que han tenido en sus manos los destinos de nuestra entidad. A Chiapas en los últimos sexenios, desde 1987 le han tocado las vacas flacas. Salvo los años en los que construyeron la Presa hidroeléctrica de Malpaso (1958-1966); la presa de la Angostura terminada en 1976; la de Chicoasén terminada en 1980; y la de Peñitas terminada en 1987; en los que hubo una muy buena inversión y bastante gasto público que dinamizaron la economía chiapaneca.
De 1987 en adelante, nuestra entidad chiapaneca ha tenido un estancamiento y en algunas temporadas un retroceso económico. Se ha generalizado la emigración hacia los Estados Unidos y regiones donde se trabaja la agricultura intensiva.
Desde el fin del sexenio del presidente Carlos Salinas de Gortari, cuando se desató la guerrilla zapatista y Chiapas era regido por el hombre de Catazajá en Chiapas se inició una etapa de violencia e improductividad. El gobierno federal quiso atenuar a los insurrectos aumentando los recursos suministrados a Chiapas. Muchos grupos encontraron su teta en esos recursos y hasta la fecha siguen por ese camino. Por otra parte, muchos grupos aparte de recibir recursos del erario, actuaron con toda impunidad.
El licenciado Javier López Moreno en los meses que ejerció la gubernatura, trató de dialogar con los indígenas plantados frente al Palacio de Gobierno. Los indígenas ensoberbecidos sacaron un mecate y quisieron amarrar al gobernador López Moreno; quien tuvo que salir huyendo y por fortuna no lo alcanzaron porque los autóctonos lo hubiesen vejado. Así de crecidos estaban los indígenas.
El régimen priísta, organizó las elecciones para gobernador correspondientes al año de 1994. En medio de mapachadas y acusaciones del presunto crimen de militantes perredistas y lesiones al periodista Amado Avendaño, candidato del sol azteca al gobierno estatal, resultó electo Eduardo Robledo Rincón, quién apenas si se sostuvo tres meses en el cargo. De ahí llegó a gobernador Julio César Ruiz Ferro (el camello), recomendado por Jorge de la Vega Domínguez, quien trajo a Laco Zepeda como secretario de gobierno y transa de Uriel Jarquín como subsecretario. Bajo esos auspicios se creó la Unión Nacional Lombardista que sirvió para enmascarar muy buenos negocios al amparo del gobierno estatal.
En ese sexenio hubo dinero suficiente, pero todo lo dilapidaron y se lo carrancearon. El que partió el pastel en esos tiempos fue Dante Delgado Rannauro de la Comisión Intersecretarial. Es el mismo Dante Delgado que es el que parte el queso en el Partido Movimiento Ciudadano. Ya está en las puertas de la senectud, pero sigue mamando.
Indudablemente, ese sexenio, terminado por el Satanás comiteco Roberto Albores Guillén, negociante de los desayunos escolares que repartía el DIF Chiapas; fue un sexenio de vacas flacas para Chiapas, excepto para unos cuantos vivos.
En el año 2000 arribó al poder gubernamental el soyalteco Pablo Abner Salazar Mendiguchía, quien no puede sacudirse la sangre de los niños comitecos que no pudieron ser atendidos porque el avión del gobierno estatal fue a traer a un futbolista para los Jaguares de Chiapas, a quienes el nunca bien ponderado Pepe Figueroa los bautizó como “los cagares”. Salazar se llenó los bolsillos con la lana para los damnificados del huracán Stan.
Pero todavía le faltaba a Chipas que le cayera lo grueso de la manga de langosta. Llegó al poder el nativo del estado de México Juan Sabines Guerrero con sus cuarenta ladrones, sin Morgiana y sin Ali babá y echaron escoba, de tal manera que se robaron todo lo que había y lo que no había lo pidieron fiado, dejando a nuestro estado con una deuda calculada en cuarenta mil millones de pesos. Sexenio de vacas flacas para Chiapas pero gordas para los favoritos, asociados y parientes de Sabines.
De este sexenio que está por terminar se ha caracterizado por el dispendio, la frivolidad y un manejo más que atolondrado en los recursos económicos, el gobierno estatal le debe a todo mundo y es posible que los adeudos los pague el próximo gobernador y con dinero de todos los chiapanecos.
Ya es tiempo que llegue un sexenio ya no de vacas gordas, sino de vacas normales, nada más que sin abigeos que se lleven el ganado, los becerros y lo poco que queda. Que así sea, porque si no habrá más violencia, delincuencia e inseguridad.

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