Quién es Quién/Recuperar el prestigio del profesor/Noé Farrera Morales

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Nunca encontraremos recetas para situaciones complejas, y esta lo es. No encontraremos recetas, pero podemos imaginar algunas ideas e incluso reglas para enderezar la situación de incomprensión y de falta de complicidad entre los padres y los maestros. Lo primero de todo es tratar de recuperar el sentido de la educación, empezando por reconocer que educar no puede consistir, exclusivamente, en proporcionar las herramientas para una buena integración profesional. Ésta es una función de la educación, pero no la única, y tampoco, seguramente, la fundamental. Si los padres solo esperan eso de la escuela, no habremos empezado a enfocar los defectos en nuestra manera de educar, entre otras cosas, porque no habrá manera de transmitir conocimientos sino conseguimos que la escuela sea el espacio propicio para el estudio, el esfuerzo y la convivencia.
Hace muchos años mi madre me llevó a la escuela Rodulfo Figueroa cuando ingresé a primaria y preguntó con el C. Director Porfirio Cundapí, quién iba a ser mi maestra o maestro de primer grado y le respondió el C. Director, que iba a ser la profesora Lupita Jiménez y le señaló dónde estaba el salón, mi madre con mucha humildad pero con una gran disciplina, tosió y la profesora Lupita al escuchar volteó a la puerta para ver que se le ofrecía a mi madre y ella con humildad y mucha disciplina le respondió que me llevaba a entregar y le llevaba una varita de granada para que me corrigiera las veces que fuera pertinente y que hiciera el favor de enviarle a ella con un papelito conmigo mismo para que en mi casa me terminara de corregir.
Yo me he preguntado muchas veces, por qué los alumnos tienen las mejores notas y dónde el fracaso escolar es casi inexistente. ¿Cómo lo logran?
Por lo que hemos ido sabiendo, la diferencia entre Finlandia y países más atrasados en la educación, como el nuestro, no está en que los profesores estén mejor retribuidos, y en que el horario escolar sea más extenso, sino en el reconocimiento social que tienen los profesores y el prestigio vinculado a la carrera del maestro, hasta el punto de que es una de las más solicitadas. Pues bien, la primera medida que hay que poner en marcha para recuperar el prestigio de los maestros es recabar el apoyo de los padres. los padres, en condiciones normales, siempre deberían estar del lado del profesor y no dejarse acobardar por la exigencia de los hijos. Son dos reglas que tendrían que corregir, la desorientación y la impotencia que componen a muchos padres. sólo así se logrará reformar la identidad profesional de los profesores y devolverles el estímulo que ahora no tienen; es decir, deben sentir que forman parte de una profesión respetada y valorada.
Pero sobre todo es importante darse cuenta en que la escuela y la familia son espacios diferentes, y que realizan funciones diversas. Ambos educan y, como la finalidad última es la misma, es preciso que de valor a las mismas cosas. Por eso es fundamental que el valor más materialista, y utilitario de la educación, la obtención de resultados y de buenas notas, es la obtención de un título – no termine siendo el valor prioritario ni, lo que es peor, el único -. Por mucho que la familia haya cambiado y que tenga tantos niveles de familia, esta sigue teniendo sentido como espacio y de protección y afectividad, siendo el núcleo en que la persona siempre encontrará soporte consuelo y amor. La escuela, en cambio, es un espacio más impersonal, donde los niños se podrán sentir protegidos, pero de otra forma, a partir de un contacto y afecto personal “parecido” pero no igual al familiar. Precisamente porque la escuela es un ámbito más anónimo, donde tiene más facilidad de poder introducir un orden, unos hábitos y unas reglas más inflexibles, es todo lo que puedo compartirles amable lector, de lo que he vivido dentro y fuera de la educación.
Por hoy es todo amable lector y mañana si el de las alturas así lo permite, estaremos escribiendo otras líneas para ustedes.

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