Quién es Quién/Sin respeto a la constitución/Noé Farrera Morales

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Antier, cuando envíe la columna, los rumores señalaban que iban a hacer un “todos” contra Albores Gleason y que eso implicaba sacrificar a algunos cuadros fuertes. Entre estos, por supuesto, se encontraba José Antonio Aguilar Bodegas. No lo creí. No lo hice porque el Partido de la Revolución Democrática (PRD) se había mostrado con un discurso que aún rayaba en la izquierda y que prometía autonomía. Sabía que el Partido Acción Nacional (PAN) está muerto desde hace bastante tiempo y que eso simplemente los ponía, al no tener una figura representativa, como tapete el mejor postor. Ya antes había señalado el coqueteo descarado que traía la lideresa Janette Ovando Reazola con Zanjaguar Negro a quien invitó a su cumpleaños que fue solamente un pretexto para pavonearlo con el que se sentía el presidenciable en ese tiempo y que se tuvo que conformar con un espacio en una curul.
De Movimiento Ciudadano desde la tarde noche de ayer la Nena Orantes teníamos ya conocimiento de que había pactado y que su partido, en el que ella trae la unción del pelonote y dueño del naranja, le había dado ya una senaduría. Sí, con ese. Aunque merezca una cenaduría para que sepa cómo se gana la vida la gente honesta, no tenemos tanta suerte. Sin embargo, pese a que sabíamos que era posible que el entreguismo trastocara a los albiazules y a los anaranjados nunca creímos que el sol azteca se pusiera de tapete aún por sobre sus propio ideales. Lo de la intentona de forjar una candidatura es común es a todas luces violatorio de ley. ¿Por qué lo digo? Porque no estaba contemplada esta figura para gobernador y quisieron arreglarlo con un fe de erratas. Por favor.
Estamos hablando de las elecciones, de la democracia, de la vida política de nuestro estado y estos parásitos que abanderan los partidos políticos, que se sienten amos y señores de los colores que administran, se sienten ungidos y zurrados por el mismo cielo, y ahora sin importarles nada el partidismo, ni la militancia ni las decisiones de la gente, han optado por forjar un amasiato alevoso, grotesco y grosero que atenta contra la vida democrática de nuestro país. No. No es lo que merecemos y no es lo que debemos dejar que pase. Porque lo que están haciendo es un abuso, es un atentado literal a lo que por años hemos defendido: la transparencia electoral, eso que juzgamos en el 2015 cuando el Instituto de Elecciones y Participación Ciudadana (IEPC) se prestó al más vil de los fraudes y que sólo alcanzó al diputado migrante, cuando en realidad debió abrazar y abrasar a toda la elección que estuvo plagada de irregularidades y dio los ayuntamientos al Verde, PRI, Mover a Chiapas y Chiapas Unido, partidos satélite y paleros del gobierno en turno.
Es inadmisible lo que estamos viviendo en la entidad. Inadmisible, repito. Aquí sólo esperamos que el Tribunal Federal Electoral sea imparcial y que se aplique la justicia. Que caiga esa intentona burda de burlarse de nosotros. Que se muestre que la democracia nos importa a todos y que no es sólo un concepto que se usa de forma peyorativa y con el que se limpian los políticos. La burla que pretenden imponer no es del agrado de nadie. Si desde un inicio tenían planeado este montaje debieron soltarlo y evitar que todo esto se saliera de control. No les ha bastado con el derramamiento de sangre en los pueblos originarios ni con los focos rojos que existen en toda la geografía chiapaneca.
Hoy, vemos que el capricho y el cinismo de Eduardo Ramírez Aguilar se está imponiendo sobre la voluntad de miles de chiapanecos. No la ha bastado con ser factor de división, con ser culpable de la ingobernabilidad, con ser sindicado por sus nexos con lo ilícito, sino que ahora quiere también robarse de forma descarada las elecciones. Si esto pasa, si la candidatura en común se da, si los partidos se salen con la suya, créame que tarde o temprano saldrán a cambiar con simples fe de erratas a la constitución. Un disculpe, se nos pasó, será suficiente para que estos arribistas sigan lastimando más nuestras leyes. No. Ya no aguanta nuestro estado otro arribismo más, otra imposición, otra improvisación. ¡Hasta mañana!

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