LA CREACION DE “CANIRAC” EN CHIAPAS, BREVE RESEÑA DE UN EJEMPLO DE VALOR CIUDADANO/Quién es Quién/Noé Farrera Morales

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Decidí contar esta historia, a propósito del reciente fallecimiento de mi amigo restaurantero, Rubén Guillén Gómez; y ahora, por el delicado estado de salud del Arquitecto Artemio Gallegos López, con la idea de mostrar a la ciudadanía, que la unidad es la mejor arma para defenderse de la injusticia y los abusos de quien sea. Ojalá sirva de motivación en los tiempos actuales, además, de contribuir en la conservación de la VERDAD HISTÓRICA de Tuxtla Gutiérrez y del estado de Chiapas.

LOS AÑOS ACIAGOS.

Corría el año de 1980 cuando decidí incursionar en el mundo de la gastronomía chiapaneca. Mi negocio, por cierto muy exitoso desde que abrió sus puertas, se denominó restaurante “La Cueva de la Pantera Rosa”, con ubicación en la antes conocida como “Plaza Subalsa”, en el Boulevard Belisario Domínguez.

EL PRIMER PASO

_ ¿y si nos uniéramos, Rubén, para enfrenar a estos bandidos? –le dije.
_ ¡Claro que sí, Tito! –me contestó de inmediato. Cuenta conmigo para lo que necesites y yo me encargo de hablar con los restauranteros que conozco –abundó.
_No se hable más, encarga a tus conocidos que inviten a otros, y de acuerdo a la respuesta, vamos a convocarlos a una junta.
En ese mismo momento, Rubén habló telefónicamente con Mario Enrique Esquínca, propietario del restaurante “Las Pichanchas”; y yo, con Jorge Luis Arias Zebadúa. Ambos mostraron su beneplácito y estuvieron de acuerdo con la idea de unificarnos.
Para la tarde de ese mismo día, ya contábamos con cerca de veinte socios entusiastas y…

NACE LA ESPERANZA.

La primera junta la llevamos a cabo en el restaurante “La Selva” y dos días después, en el bar del “Hotel Lacanjá”, del gran amigo ya fallecido, Luis Pedrero González, tuvimos la segunda reunión, contando con nuevos invitados, entre ellos, a mi tío Artemio Gallegos López, propietario de “Pizzas Villa loma”, junta en la que, después de escuchar las coincidencias de los presentes, decidimos constituir la “Unión de Restauranteros de Tuxtla”, fijando la fecha para la noche de dos días después, en la que elegiríamos a la primera directiva, en el espacioso restaurante “La Selva”.

COMIENZA LA LUCHA

Por la noche, poco antes de la hora de nuestra reunión, me presenté en la Dirección de Turismo del Estado, con el pretexto de que me autorizara los precios contenidos en mis cartas. Me recibió mi querido amigo y hermano, Bernardo Reyes, quien me felicitó por la creación de la Unión y yo le pedí que no lo dijese. Él tenía muchos años de laborar en esa dependencia, y amablemente me condujo hacia la oficina de su jefe. Me anunció y fui recibido de inmediato, quedando él tras de mí. La actitud del funcionario me hizo ver que las cosas se pondrían difíciles.

NACE LA CÁMARA NACIONAL DE RESTAURANTES Y ALIMENTOS CONDIMENTADOS (CANIRAC) en Chiapas.

Una mañana en la que me encontraba degustando de un aromático café, se acercó mi jefe de meseros para decirme que, un cliente que había ordenado su desayuno, tenía sobre la mesa papeles de los cuales sólo había alcanzado a leer que tenían “algo” que ver con restaurantes.
_ ¡Otro pinche inspector! –pensé- y dirigiéndome hacia la persona de referencia, lo saludé y muy amable, me invitó a sentarme. Me platicó que estaba llegando de Tapachula y sintiéndose decepcionado, ahora volvía a su casa y negocio. Era propietario del restaurante “Las Reinas” ubicado en el crucero que va hacia el cerro de La Sepultura.

¿Por qué menciono esta anécdota? Porque, finalmente, sin ningún interés protagónico y sí, en favor de la historia de CANIRAC; de esa VERDAD HISTÓRICA que los chiapanecos a menudo soslayamos por comodidad, ignorancia o temor, me siento obligado a hacerlo del conocimiento de sus actuales dirigentes, socios y chiapanecos en general,, para que compartan el orgullo de quienes fuimos protagonistas en esta conquista.

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