Quién es Quién/Carlos Morales, el eterno “perdedor”/Noé Farrera Morales

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Imagine a un candidato que se inscribe a escondidas como un vulgar ladrón ante el Instituto de Elecciones y Participación Ciudadana (IEPC). Que primero manda a sus emisarios para ver si nadie lo está viendo, si nadie lo anda vigilando, si no se topa con las consignas de quienes hemos sido testigos de la forma en que ha arribado al poder a base de lamer zapatos y besar traseros, porque sabe que su paso por la administración del gobierno verdeecologista de Manuel Velasco Coello tiene una mancha muy grande y que ha sembrado un antecedente de daño al medio ambiente y de abuso en contra de muchos de los trabajadores de la Secretaría del Medio Ambiente e Historia natural (Semahn).
¿No sabe de quién le estoy hablando? Es bien sencillo. En las elecciones del 2012 compitió contra Samuel Toledo Córdova Toledo y le robaron las elecciones, porque hay qué decirlo: fue así. Y en ese momento muchos de nosotros los tuxtlecos, cansados del pésimo trabajo que hicieron los sabinistas y sabiendo que el bigotes de morsa era gente del bastardo Sabines Guerrero, decidimos respaldarlo. Lo apoyamos. Salimos a las calles, escribimos desplegados y le llamamos por teléfono para hacerle saber que no estaba solo. Y se movilizó. Había dicho que llegaría hasta las últimas consecuencias, que defendería la democracia y lucharía por lo que queríamos construir y se autoproclamó el contralor del pueblo.
Fue entonces cuando su movimiento, su faramalla, su bulla, llamó la atención. Le hablaron del Palacio de Gobierno y le dijeron que le bajara a su desmadrito, que se dejara de tonterías y que ya tenía un espacio designado en el gabinete. Que si quería ocupar una secretaría le bajara unas rayitas a su bulla y dejara en paz al sabinista que había llegado cobijado por el fraude. Y así fue. Carlos Morales sin explicación alguna, bajo un pacto que le garantizaba canonjías y la oportunidad de estar enquistado el sexenio, pues pactó sin importarle que los tuxtlecos que lo respaldáramos estuviésemos de acuerdo o no. ¿Su trato? El arribo a la Secretaría del Medio Ambiente e Historia natural (Semahn).
Y no vayamos más atrás donde hizo lo mismo, donde llegó con base en el fraude, con base en ese estilo de ponerse de tapete y ser el chambista del gobierno. Basta enfocarse a su paso por la Semahn, basta entender la forma en que operó y entender qué intereses son los que protegió. Morales es culpable por omisión del terrible daño que la empresa Cales y Morteros de Chiapas le han causado a las paredes del Cañón del Sumidero. Pero eso apenas es la punta del iceberg, porque fingió la clausura y él sabía perfectamente de la situación política que tiene esa empresa y la sobreprotección que le dan desde el propio gobierno de Chiapas.
A eso, debes sumar que Carlos Morales fue parco en su andar y nunca quiso meterse a tocar el tema de Proactiva. No hizo señalamientos ni nada. Siempre que le cuestionaron el tema, que le señalaron que esta empresa estaba contaminando no sólo el predio Mujular sino que llegaba al río Grijalva, se hizo pato y nunca afrontó los temas como deben ser. Su objetivo era el estar ahí, mostrarle lealtad al gobernador para que así le palomearan su sueño y decir, pese a ser un ser servil al Partido Verde, que ahora es nuevamente de izquierda. Claro, aunque la izquierda no exista en nuestro país.
Por eso me pregunto, ¿hay quien crea que Carlos Morales está preocupado por sacar a Tuxtla Gutiérrez de este ingente bache en el que las autoridades lo han metido? Honestamente no creo en él, menos ahora, menos en estos momentos que lo que requerimos es un cambio y no secundar eventos, no una repetición de políticas fallidas como las que está acostumbrados los político que tanto daño le han hecho a la capital. Si carlos Penagos llega es la continuidad de este trienio que pasó. Si Morales llega es seguir solapando los abusos de empresas como Proactiva. Pensemos bien qué destino es el que queremos y partamos de ello para no dejar que los mismos de siempre lleguen a seguir destruyendo lo que amamos. ¡Hasta mañana!

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