Quién es Quién/Pobreza discursiva, la de AMLO/Noé Farrera Morales

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Si una gota faltaba para derramar el vaso en el recorrido que trae Andrés Manuel López Obrador esa era la de mostrar que no puede ni hilar ninguna idea sin que tenga que frenarse para poder entender que las cosas no son como parecen. Se le vio tibio y esquivo, frío y con puntadas que eran dignas del payaso Chipotín y no de un candidato que busca mostrar que tiene cuadros y tablas para poder hacer frente a los retos que muestra la nación. Así es: AMLO quedó rebasado el día de ayer pese a lo que se diga. Más allá de esa burda intentona de querer defenderse como gato boca arriba, se necesita un político que en realidad pueda explicar su plan de gobierno, la forma en que quiere gobernar y no dando vueltas a la mismo.
No basta que AMLO diga que es honesto, honesto, honesto, honesto, como repitió en cuatro ocasiones el desquiciado Bronco que pide un retroceso al Porfiriato y que insiste en militarizar la educación y mocharle la mano, de forma literal, a los que roben. Pero bueno, ya tocaré con profundidad el tema de ese gobernador priista y rojo de corazón pese a lo que diga. Y regresando a Andrés Manuel, pues es difícil calificarlo en el debate. Porque pese a lo que digan los intolerantes morenistas, esos que se han empecinado en defender al Señor López sin entender que tiene un sinnúmero de defectos y que no entienden que criticarlo no significa, necesariamente, ser ni gente que respalde al Partido Revolucionario Institucional (PRI) ni al Partido Acción Nacional (PAN). Se le critica a AMLO porque quiere ser el presidente de un país que está ávido de un cambio y no de experimentos fallidos como los que hasta ahora hemos tenido.
Si nos enfocamos en el debate, en la construcción discursiva de López Obrador, veremos que carece de un lineamiento profundo, de una capacidad en la que se muestren los hilos perfectamente diseñados, lo que sí tienen los candidatos como Meade o Anaya, por ejemplo. AMLO carece de esa capacidad discursiva, de esa capacidad de hilar ideas y responder todas cada una de las preguntas que le hacen. Siempre que tocan los temas que le causan ruido, por ejemplo el de la amnistía a los delincuentes, el de las parejas homoparentales y el aborto, el del extremo conservadurismo que pone a Mr López como un candidato que lleva 18 años haciendo campaña y que no ha sabido modificar su discurso ni consolidar la defensa de su proyecto de Nación. Porque no es lo mismo que la señora Clouthier lo diga y lo sustente, que Zoé Robledo lo respalde, a que el propio AMLO sea quien se defienda y calle las bocas de aquellos que lo criticamos por sus tropiezos.
El debate fue el momento que tenía que aprovechar López Obrador. No lo hizo. Su risita senil, sus puntadas, son simple muestra de que no está preparado para enfrentar a un país que está en crisis. Quizá la estocada final, la que muestra lo que fue el debate, fue la forma en que se fue: vapuleado, solo, sin despedirse de nadie, con la cabeza agachada y con un dejo de tristeza que quedó muy marcado en nuestra mente. Porque debemos ser muy claros a la hora de criticar, señalar, elegir y calificar a quien busca o pretende decir que hará el cambio que se requiere o que necesita nuestro México. Criticar a AMLO no es ser de derecha ni estar a favor del sistema ni hacerle la chamba a nadie, pero si un presidente dice que quiere acabar con la corrupción, que va a terminar con una hegemonía de impunidad que impera en el país.
Por eso, y no por otras cuestiones, es que se le critica el desempeño y las posturas de López Obrador. Por eso es que se le critica, porque sí queremos cambios y nos urgen, pero éstos no se dan aplaudiendo todo lo que se dice o lo que hace el líder, sino cuestionándolo, poniéndole en claro que se le respalda siempre y cuando sea lo que dice ser. ¡Hasta mañana!

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